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17Febrero2018

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

El tema de la libertad no es, ni ha sido, un problema menor para los filósofos de todos los tiempos, y casi me atrevo a decir que en torno a él es que se teje, a fin de cuentas, toda teoría sobre el comportamiento de los seres humanos, en todas sus facetas.

Soy, he de decirlo en este punto, un confeso y recalcitrante creyente en las libertades –cosa distinta, si se me permite puntualizarlo, de la libertad, porque en aquéllas ésta se concreta- y he sostenido esa postura por vocación y convicción inveteradamente.

Fue por eso que llamó mi atención un par de notas con las que me topé gracias a la referencia que de ellas hizo un joven e ilustrado amigo filósofo colombiano, Daniel Flores Muñoz.

La primera de ellas, un artículo publicado en “Pijamasurf”, pretende que, científicamente, la libertad no existe (http://pijamasurf.com/2013/01/libertad-albedrio-lo-mas-probable-segun-la-neurociencia-es-que-no-tengas-ninguno-de-los-dos/).

Basado en investigaciones de los neurocientíficos alemanes Hans Helmut Kornhuber y Lüder Deecke, quienes según la publicación “descubrieron un fenómeno al que denominaron ‘bereitschaftspotential’, lo cual puede traducirse como ‘potencial de disponibilidad’”.

Según la publicación, ello significa que “antes de una decisión, el cerebro entra en un estado especial previo a la conciencia pero originado en la parte inconsciente de la mente y en el cual, efectivamente, suceden procesos cerebrales que, en la época (la década de los sesenta), solo se pudieron considerar como el germen de un acto libremente emprendido”.

Es decir, frente a un impulso “predeterminado”, los seres humanos sólo podrán elegir entre llevar a cabo la acción  o no, podrán solamente ejercer una especie de “veto cognitivo”.

¿Es válido, a partir de tal conclusión, que la libertad no existe? ¿No acaso esa elección de “hacer” o “no hacer” descansa en un albedrío libre? El punto es que, si se quedara en ese nivel del inconsciente, efectivamente no habría posibilidad real de elección, dejando poco margen, en todo caso, para la acción libre (lo que abonaría en la cuenta de los “determinismos”).

Sin embargo, aunque el impulso surja del inconsciente, la decisión se toma en el plano de la consciencia y eso pone las cosas en el ámbito de la responsabilidad de elegir libremente. Gracias a ello, digo yo, ha existido la civilización, aunque las señas de la civilidad sean hoy precarias.

Curiosamente, en medio de esta reflexión, di con una entrevista al sicoanalista Eric Laurent, efectuada por Pablo Chacón para el blog “El Psicoanálisis Lacaniano en España”.

Lo destacable, para el fin de contrastar con aquel “determinismo científico”, es el parecer de Laurent en el sentido de que, en un mundo en el que “todo se evalúa, se mide, se clasifica, se categoriza”, pareciera perderse la individualidad, que a fin de cuentas es donde reside la posibilidad de optar y por eso “la singularidad es el horizonte del psicoanálisis”, que lidia precisamente con esa porción sumergida del témpano que llamamos inconsciente.

Personalmente, creo que, por poco que fuera el margen, estriba en él la capacidad –y el responsable derecho- de elegir entre una acción y otra (o ninguna), lugar donde habita la libertad, la única puerta a la vida social ordenada y justa según yo veo las cosas.

Si sólo eso quedara, sería tal cosa definitoria, de cualquier modo, de la verdadera naturaleza del ser humano como “animal social” -según la expresión de Aristóteles- y su diferenciación con otras especies, en la década de los 60, los neurocientíficos alemanes Hans Helmut Kornhuber y Lüder Deecke descubrieron un fenómeno al que denominaron “bereitschaftspotential”, lo cual puede traducirse como “potencial de disponibilidad”. Según estos investigadores, antes de una decisión, el cerebro entra en un estado especial previo a la conciencia pero originado en la parte inconsciente de la mente y en el cual, efectivamente, suceden procesos cerebrales que, en la época, solo se pudieron considerar como el germen de un acto libremente emprendido.



Xavier Díez de Urdanivia

Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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