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25Junio2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

En junio de 1994 los cuerpos de Nicole Brown Simpson y Ronald Goldman fueron encontrados brutalmente asesinados. El ex exposo de ella, el futbolista retirado O.J. Simpson, fue acusado por este doble homicidio. El juicio de El Pueblo del Estado de California vs. Orenthal James Simpson ocupó por meses los encabezados de los diarios y fue bautizado como “El Juicio del Siglo”.

Simpson fue finalmente declarado “no culpable”, debido a una serie de elementos entre los que destacan: un caro y efectivo equipo de abogados; la falta de un manejo adecuado de nuevas formas de prueba como el ADN; la integración del jurado; el juez, quien desechó algunos testimonios comprometedores; y la manipulación inadecuada de las evidencias.

El éxito de la defensa consistió en restar valor probatorio a las evidencias de la acusación. Los guantes ensangrentados no eran de la talla del acusado, se evidenció que la cadena de custodia de las pruebas no siguió los procedimientos y finalmente consiguieron incursionar en un debate de racismo. El resultado final es que el jurado decidió que Simpson era no culpable, concepto muy distinto al de inocente. Tan diferente que en un juicio civil los familiares de las víctimas obtuvieron una condena civil por muerte indebida.

En los países con una tradición judicial sólida esa es la forma de resolver. Si las pruebas no son suficientes y sólidas para romper la presunción de inocencia más allá de una duda razonable, el acusado no puede ser condenado. Independientemente de cómo hayan sido los hechos en realidad, el juez debe resolver de conformidad al material con que el acusador sustenta el caso.

Es por ello que considero que el caso de la francesa Florence Cassez es una muestra de fortaleza y no de debilidad de nuestra Suprema Corte. Del mismo modo creo que es un importante criterio que deben seguir las autoridades de procuración de justicia al momento de preparar sus acusaciones. Pero especialmente considero que es un claro límite a los abusos de la autoridad que en ese caso llegaron al exceso de hacer un montaje televisivo de la detención de unos presuntos delincuentes.

Entiendo y comprendo la frustración de las víctimas, pero la Corte no es la culpable, el responsable del fracaso de ese juicio es la policía que fabricó y manipuló evidencias con tal de aparecer en un noticiero y del Ministerio Público que acusó por utilizar elementos de prueba no idóneos y manipulados. La Suprema Corte hizo lo correcto para los derechos de una persona y para los derechos humanos de los mexicanos.

Ver imágenes de ese juicio en video es aleccionador. Ver a O.J. Simpson probarse unos guantes que no le quedaban es una imágen que nos debe hacer reflexionar sobre la urgencia de que en nuestro país contemos a la brevedad con un sistema de justicia oral.



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