Screen

Profile

Direction

Menu Style

Cpanel

23Marzo2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

El imaginario colectivo achaca al Quijote aquella frase de que los perros ladran como señal de avance. La realidad es que no es cierto que Cervantes haya puesto esa frase en boca del Quijote, como tampoco lo es que el ladrido canino refleje siempre una situación positiva.

Algunos buscan el origen de esta frase en Unamuno o con Wells, pero su origen rastreable más remoto es un artículo necrológico escrito por Nilo Fabra en “El Imparcial” en 1916, donde afirmaba que Rubén Darío reaccionaba ante las injurias con dicha frase. Es probable que ese texto lo haya leído Azaña para luego ser utilizada por Ricardo León Cristo en los Infiernos.

Otro origen probable es el poema “Kläffer” o “Ladrador” de Goethe, esta opinión la encontramos en un artículo titulado “Nos ladran Sancho, señal de que cabalgamos”, en la sección Cápsulas de Lengua, publicada el 29 de enero del 2010, en “Mundo hispanohablante” por Arturo Ortega Morán.

Ortega Morán señala que en la obra “Porverb of All Nations” publicada en 1859 por Walter Ketting Kelly, aparece un proverbio turco con gran similitud: “The dogs barks, but the caravan passes” o lo que es igual en español: “Los perros ladran, pero la caravana pasa”.

Tan falso es que lo dijo el Quijote como falso es que siempre que se señala algo sea una crítica o que todas los señalamientos sean producto de la envidia o del error.

Cuando los organismos protectores de derechos humanos hacen recomendaciones no critican la función, las políticas o los logros de una administración o de un gobierno. Lo que hacen es señalar una violación de derechos humanos. La diferencia es abismal. Se trata de un hecho puntual, en donde en el ejercicio de sus atribuciones se exceden y vulneran los derechos de un particular. Las funciones de un policía son especialmente sensibles, por el tipo de incidentes a los qe se enfrentan los elementos, pero también por las condiciones de violencia que enfrentamos en esta coyuntura.

Es por ello que cuando la Comisión de Derechos Humanos hace una recomendación no se pone del lado de los delincuentes o contra las autoridades. La recomendación tampoco implica que la autoridad no haga su trabajo o que deje de prevenir y combatir conductas delictivas.

Una recomendación no es más que una barrera a los abusos, un límite a la arbitrariedad y un elemento que las autoridades pueden tomar para redefinir procedimientos o sancionar abusos. Las recomendaciones no son sólo señalamientos como equivocadamente pudiera pensarse, contemplan una serie de criterios jurídicos que muestran fehacientemente cómo hechos denunciados violan los derechos humanos. Lejos de ser una denuncia genérica aportan elementos puntuales para reparar daños, sancionar irregularidades y prevenir conductas indeseables a futuro, ya que en un capítulo específico establecen las medidas que la autoridad debe asumir cuando acepta una recomendación. En esencia, por eso se llaman recomendaciones, por contener un listado de las mismas.

Las recomendaciones pudieran incomodar, pudieran incluso no ser del agrado de las autoridades. Pero simplemente son la materialización de una función de un organismo público en nuestro esquema democrático; es un control al ejercicio del poder. Las recomendaciones no disminuyen o limitan la eficacia de la policía, sólo recuerdan que la autoridad que combate a la delincuencia al margen de la ley es también un delincuente.



DEJA TU COMENTARIO

Ingresa datos requeridos(*) Código Básico HTML Habilitado

¡Síguenos también en las Redes Sociales!

TwitterFacefooter

twitter Facebook