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20Octubre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Las dictaduras cayeron como fichas de dominó. Esa primavera los regímenes no democráticos que hacía décadas gobernaban el norte de áfrica y algunos sitios de Asia fueron sustituidos por nacientes democracias.

Sin embargo el resultado no ha sido tan pacífico como se hubiera deseado. Este día vemos en la prensa francesa el reporte de un fallido intento de un comando especial para rescatar a rehenes de un grupo islamista somalí. Vemos también que Francia ya está en guerra. Cuenta con el apoyo de la ONU para el ataque a los islamistas en auxilio del gobierno de Mali.

También es un hecho que los dictadores compiten con reglas democráticas. Por ello vemos a los hijos de Mubarak como aspirantes. Por otra parte tenemos otros ejemplos donde la dictadura no ha sido removida para instalar un régimen mejor. Incluso existen voces que señalan que el déficit democrático compensaba con órden la falta de libertad.

Estos son los riesgos de la democracia, pero el saldo de la primavera árabe es una guerra en Siria con más de 60 mil muertos, un conflicto en Mali y gobiernos débiles en el resto de los paises. Es por ello importante que las potencias mundiales tomen cartas en el asunto apoyando a las nacientes democracias.

Sin olvidar que ellos también tienen sus temas internos. 

Junto a estas notas vemos que en Rusia hay movilizaciones ciudadanas manifestándose contra una reciente reforma que prohíbe que niños y niñas rusas sean adoptados por estadounidenses. En Francia hay un movimiento similar que rechaza los matrimonios entre personas del mismo sexo. Al mismo tiempo en España miles se manifiestan en lo que se ha llamado mareas blancas, protestando contra los recortes de presupuesto a la sanidad, al pago de medicamentos y más recientemente al proyecto de incluir participación privada en los servicios de sanidad.

El mundo está agitado, cada región con su tema, pero lo que es una constante es la exigencia de los ciudadanos para ser escuchados. Los humanos de este siglo exigen que su voz cuente. La otra constante es que no hemos desarrollado respuestas para todas las voces.

En algunas regiones los extremistas musulmanes alzan las armas contra lo que consideran inadecuado, en Europa y América católicos ultraconservadores se manifiestan contra el reconocimiento de los derechos de homosexuales.

Este siglo va a exigir de los gobiernos y de los ciudadanos enormes esfuerzos de diálogo y comprensión. Requiere de un amplio reconocimiento a la diversidad, a los derechos de las minorías y a la necesidad que tenemos todos de convivir.

El saldo de la primavera árabe es que el mundo quiere ser escuchado. Al mismo tiempo nos muestra que no tenemos respuestas para todos.



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