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15Diciembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

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Una Disyuntiva para el Crecimiento Económico

Desde mediados del siglo pasado, cuando andaban en boga las teorías del desarrollo económico y de la planeación, comenzaron a crearse las categorías de las naciones de acuerdo al tamaño de su economía. Años antes, al término de la Segunda Guerra Mundial, las Naciones Unidas habían contratado a un grupo de econometristas holandeses con el propósito de que se encontraran métodos y valores que sirvieran para medir con cierta exactitud el tamaño de cada economía nacional y, de ahí, elaborar tablas comparativas necesarias para hacer análisis económicos más objetivos, más científicos.

La investigación fue pródiga en resultados. En aquél grupo de economistas holandeses, comandados por Jan Tinbergen, segundo Premio Nobel de Economía, destacaron los economistas Van Os, Sandee, y Derksen, entre otros. Desde entonces podemos comparar a las economías nacionales por la vía del Producto Interno Bruto (PIB), el tamaño e importancia de cada uno de sus sectores y, mediante series anuales, se pueden calcular tendencias y niveles futuros. 

A partir de entonces tuvo un gran auge la macroeconomía, es decir el estudio de los grandes agregados, los que integran el PIB (producción agrícola total, industrial, en cada uno de los servicios, inversión, gasto público, balanza comercial, productividad de cada empleado u obrero ocupado en cada sector, etcétera).

Con tan importantes instrumentos, los economistas de entonces diseñaron teorías del desarrollo, propusieron métodos para superar el subdesarrollo, inventaron la planeación económica, la programación por sectores y técnicas para la elaboración de proyectos. Dentro de las Naciones Unidas surgió, dentro de la Conferencia para el Comercio y el Desarrollo, UNCTAD, un gran movimiento del Grupo de los 77, que agrupaba a todos los subdesarrollados, del cual formaba parte México, que luchaba por la igualdad económica internacional. 

Como quiera que sea, y a despecho de la fuerte corriente neoliberal, los desarrollistas ganaron terreno en el campo de la planeación económica, donde el gobierno iba teniendo un papel cada vez más activo. 

Como prototipo de las tesis desarrollistas puede considerarse al economista inglés, John Maynard Keynes, quien fuera llamado por el presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt para que lo ayudara a sacar de la Gran Depresión económica a su país (1929-1932). 

La intervención del inglés fue histórica, pues puso de cabeza a los economistas liberales, quienes, de acuerdo a sus principios, no dejaban a Roosevelt intervenir en la economía, esperando que las “fuerzas del mercado” arreglaran, por sí solas, problema de tal magnitud. Aquella enorme economía jamás hubiera salido del atascadero depresivo si Keynes no convence a Roosevelt de que interviniera con un muy agresivo programa de inversiones públicas. Así se construyeron presas, carreteras, ferrocarriles destacando la planeación integral del Valle del Tennessee. 

Ahora los economistas estamos divididos en dos grandes grupos: los neoliberales que no quieren ni oír hablar del gobierno, y los desarrollistas que pugnamos porque el gobierno asuma su papel de rector de la economía y participe activamente en el fomento económico, que defienda la soberanía alimentaria y resguarde para la nación los recursos estratégicos. En cambio, los neoliberales postulan que el gobierno está para garantizar la libertad y aplicar la ley, la seguridad pública y la seguridad de la propiedad privada. Hasta ahí. 

En México, los últimos gobiernos se han empeñado en constreñir sus acciones a los términos del neoliberalismo, con lo cual la economía se ha estancado, la pobreza se ha generalizado y se ha ahondado la desigualdad económica y social.

El gobierno no puede limitar su acción a diseñar políticas asistenciales, de sobrevivencia, que, en lugar de estimular al beneficiario a mejorar su situación, le crea al beneficiario un ánimo de desidia y apatía que no le ayuda para reincorporarse al trabajo fecundo y creador, como postulaba don Adolfo Ruiz Cortines. 

La solución a todo esto está en el desarrollo, entendido tanto como crecimiento económico y como desarrollo social; es decir más economía, mayor productividad, más empleo, una eficaz capacitación para el trabajo, mejor calidad en la educación y una cultura más amplia para el pueblo. 

Ojalá que los neoliberales que rodean a Peña Nieto no le impidan cumplir con su histórica responsabilidad: impulsar a México hacia un nivel superior de crecimiento económico y desarrollo social. 



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