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24Marzo2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

“Educar es develar, desenvolver y desarrollar todas las capacidades de los mexicanos, devolviéndoles la confianza en sí mismos y el amor por  lo suyo”[1]. “Los educadores de nuestra raza deben tener en cuenta que el fin capital de la educación es formar hombres capaces de bastarse a sí mismos y de emplear su energía sobrante en el bien de los demás”.

José Vasconcelos Calderón

 

1) La Gran Ruptura Global

La crisis financiera global no es sino la punta del iceberg de un gran proceso de cambio económico, social, político y tecnológico. Es sólo el inicio de una naciente era de metamorfosis de la civilización planetaria, cuyos alcances rebasarán, con mucho, los límites del naciente Siglo XXI. Esta transformación es inevitable e impostergable. La impulsa la necesidad de preservar al planeta tierra: único hábitat por ahora disponible para la especie humana y su próxima transmutación en conciencia  transhumana de alcance cósmico. La impulsan innovaciones tecnológicas y de modelos de negocios que serán, en lo sucesivo, las únicas fuentes viables de incremento en la productividad, tanto en productos y servicios nuevos, como tradicionales. Y estos incrementos, capaces incluso de revitalizar industrias y regiones decadentes, son las nuevas fuentes de crecimiento per cápita, que dominarán el quehacer global del las próximas décadas.

La crisis financiera global no es sino el motor de arranque de un despegue violento, como violentos han sido desde siempre las metamorfosis civilizatorias de las que resultan los grandes saltos cualitativos de la humanidad- El despegue violento de un gran proceso de cambio económico, social, político y tecnológico de alcances planetarios y milenarios. Es el inicio de la Gran Ruptura Global (GRG): el doloroso nacimiento de una nueva civilización planetaria.

En este contexto, ningún remedio a la crisis financiera resultará suficiente si no se traduce en condiciones macroeconómicas globales que permitan a la economía real, ahora a escala planetaria, retomar la senda del crecimiento dinámico, sostenido y sustentable. Quizá sea tiempo de revertir el orden del razonamiento. Quizá convendría comenzar por asumir que la GRG y el riesgo de una catástrofe ambiental planetaria son realidades inescapables e impostergables. Enseguida pudiera ser aconsejable reconocer las limitaciones y disfunciones de la economía real del mundo industrial,  basado en energía fósil, que heredamos del fenecido Siglo XX, con sus obsoletas guerras, con sus imperios colapsados y sus trasnochados “conflictos de civilizaciones”. Entendamos que las economías de escala de los monopolios naturales –o artificialmente sostenidos por estados débiles con elites políticas vulnerables-  no compensan ya los obstáculos que interponen al florecimiento de las nuevas fuentes de productividad, fincadas en la explosión de las redes planetarias de conocimiento, intercambios y cultura.

No es posible cambiar las ruedas o reparar el motor de un ferrocarril a toda velocidad. Por ello conviene comprender que la economía real ya mostraba señales de estancamiento aún antes de la crisis financiera reciente. La Gran Recesión de 2008-2010 permitió frenar al tren de la economía global para inducir los cambios institucionales y fincar los cimientos de la nueva infraestructura productiva, que más pronto que tarde nos colocarán en un nuevo ciclo de intenso crecimiento. De aquí se deducen res puntos cruciales, de indudable relevancia para la reflexión sobre los retos y oportunidades que la GRG presenta a México:

a) Ya no hay tiempo para posponer una respuesta global, masiva y contundente al calentamiento  global y la polución atmosférica que lo propicia; 

b) Esa respuesta es a la vez la oportunidad inaplazable para incorporar intensivamente a la economía real las nuevas fuentes de productividad. El nuevo juego global consiste en que las energías sustentables (o las tecnologías que hagan sustentables las energías tradicionales) interactúen con las tecnologías informáticas, con las redes globales de información cada vez más predominantemente semánticas e inalámbricas, con los nuevos materiales y la nanotecnología; con la medicina genómica y las técnicas de prolongación de la vida para traer a la tierra una civilización planetaria sustentable. El debate más relevante y urgente para México se centra en definir las reformas institucionales y las estrategias nacionales que permitan integrarse con ventajas duraderas a estos procesos globales;

c) Los rescates financieros serán cada vez más patentemente inviables e improductivos mientras no los oriente el diseño global de una nueva arquitectura financiera, reconstruida para inducir e incentivar la innovación y la productividad, para facilitar el surgimiento de los ganadores del nuevo juego global. Juego nuevo, reglas nuevas.

2)     Mexico Entre la Integración Exitosa a la Civilización Planetaria Sustentable y la Desintegración Nacional.

El gran reto para México es transitar la Gran Ruptura Global sin colapsarse y convertirse en un Estado fallido, al tiempo que se educa masivamente a los mexicanos todavía excluidos de los beneficios de la civilización mundial. Esto comienza con brindarles oportunidades efectivas para colocarse a la altura de la conciencia planetaria y darles  la oportunidad de ser bilingües, es decir, ciudadanos del mundo. Sin embargo, es necesario comprender que este reto sólo podrá confrontarlo con éxito la nación mexicana en la medida en que profundice su transformación en una auténtica sociedad abierta y la vida política del país evolucione de la partidocracia oligárquica a una plena democracia que devuelva el poder a la ciudadanía.

Esta transformación deberá comenzar por desmontar las redes de poder de las oligarquías de la decadente economía que ya se derrumbó. Y esto, entre más pronto mejor. Todo lo que se requiere para rescatar a México del estancamiento y el riesgo de la desintegración nacional son buenas ideas. Buenas ideas y oportunidades concretas y prácticas para convertirlas en innovaciones globalmente exitosas, audacia y espacios para innovar en una sociedad abierta dónde no todas las cosas, hasta las que uno mismo crea, ya de antemano tienen dueño –como en la Europa de la que huyeron Colón y Cortés- y donde se puede pensar y emprender sin pedir permiso y sin tener previamente listas docenas de licencias para su inspección y padrinos poderosos en una media docena de oficinas públicas.

Nunca ha habido ni habrá crecimiento sin incrementos en productividad. Pero hasta ahora los incrementos en productividad pudieron ocurrir mediante la introducción gradual y lo menos disruptiva posible de mejoras continuas o innovaciones paulatinas e incruentas. La emergencia climática global y la emergencia social de la marginalización masiva de millones de seres humanos no dejan ya tiempo para eso.

De aquí en adelante la destrucción creativa será demoledora e inaplazable, será global y socialmente incluyente. De lo contrario en pocas décadas más de enlodamiento atmosférico y desocupación masiva sin alternativas ni esperanzas, ya no será cuestión de crear y de prosperar, sino de sobrevivir y defenderse.

Las naciones, regiones, industrias y empresas prósperas ya no serán las que dispongan de hidrocarburos excedentes o mano de obra “barata”. Serán las más capaces para innovar y competir a escala global. La GRG nos coloca a todos, sin retorno y sin remedio, en plena globalización: todos compiten con todos, por todo, en todas partes. Primero se salvan el planeta y la civilización planetaria. Después podrán salvarse y prosperar quienes sepan innovar mejor y sin darse tregua, quienes sepan ser pioneros en transformar el despliegue tecnológico exponencial que se avizora ya, en nuevas oportunidades y modelos de negocios, que conviertan la inminente explosión global de conocimientos y habilidades en productividad creciente, crecimiento y bienestar, siempre y necesariamente compatibles con el equilibrio planetario duradero. Pero es improbable que estas regiones, industrias y empresas innovadoras y de alta productividad consigan emerger y consolidarse en medio de privilegios monopólicos, pesadas cargas burocráticas, regulaciones ininteligibles y políticas públicas discrecionales e impredecibles.

Juego nuevo, reglas nuevas. En vez de encadenamientos productivos lineales y subordinados (por ejemplo: automóviles-autopartes-cerámicas-vidrio-acero-gas natural subsidiado y salarios deprimidos,  a base de marginalización social, analfabetismo funcional y fanatismo religioso), ahora se requieren economías dinámicas y evolutivas de redes de conocimiento e innovación; habilidades ingenieriles y de negocios interactuando con talento estético y de diseño, con poblaciones crecientemente educadas y cultas, plurales, abiertas y multilingües. 

Prosperarán quienes primero conviertan en negocios globales la convergencia entre la nanotecnología y la medicina genómica, con bioética racional pero sin fanatismos frente a temas como la clonación o la investigación con células madre. Prosperarán quienes encuentren en el reto de reducir radicalmente las emisiones de gases de efecto invernadero una palanca de renovación industrial para desarrollar productos y procesos diferenciados e innovadores, cuya producción y comercialización global resulte, de manera directa e indirecta en millones de ocupaciones altamente productivas, competitivas y bien remuneradas. A su vez, estas remuneraciones se traducirán en la reactivación del consumo y así, en un ciclo virtuoso, en más crecimiento y nuevas oportunidades. 

Conseguir que esta dinámica virtuosa se manifieste en México no es cuestión de “redistribuir” el ingreso nacional, como si éste se generara en una sola gran factoría y se depositara en una sola gran cuenta, desde la cual un ente omnisciente y omnipotente lo repartirá “equitativamente” entre los mexicanos. El “ingreso” lo generan los productores, aprovechando las ideas de los innovadores. Sólo ellos son los propietarios legítimos de lo que producen. Así que para “redistribuir el ingreso” de manera eficiente y duradera la única fórmula  es redistribuir las capacidades productivas: educación bilingüe, acceso al crédito y acceso competitivo a Internet. Hacer esto de manera rápida y eficaz es el primer paso para detonar la reactivación económica y la reintegración social duradera de México.

 



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