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26Septiembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

El 4 de diciembre de 1986 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el derecho al desarrollo como un derecho humano. Se dispuso que se trata de un derecho inalienable y que todos los seres humanos tienen la facultad de participar en el desarrollo económico, social, cultural y político a fin de realizar plenamente todos los derechos humanos y libertades fundamentales. Para ello puede participar en el desarrollo y también disfrutar de él.

A 25 años debemos reflexionar en torno de la finalidad del crecimiento económico. Considero que aún existen importantes grupos que lo consideran como un fin en sí mismo. Lo anterior se explica cuando ante los señalamientos de pobreza se esgrime la estabilidad de las variables macroeconómicas. Es cierto que son indispensables, pero no son suficientes.

La Declaración señala que el desarrollo debe ser entendido como un proceso amplio orientado hacia la mejora del bienestar de la población entera y de todos los individuos. Para ello se reconoce la necesidad de la participación activa, libre y significativa de todo mundo en el desarrollo y en la equitativa distribución de los beneficios resultantes.

La tarea en este 25 aniversario consiste en instrumentar políticas y acciones concretas que permitan materializar el derecho que niños, mujeres y hombres tienen al desarrollo, ya que se convierte en un obstáculo en ocasiones infranqueable para el disfrute de otros derechos como los civiles, políticos, económicos, sociales y culturales.

Revisando títulos en una librería del centro de la ciudad encontré uno que se pregunta cómo hace el 40% de la humanidad para vivir con menos de dos dólares al día. La realidad es que muchas personas en nuestro mundo sobreviven, lo que les deja poco margen para procurarse un proceso de desarrollo. Esta pobreza al contrario, los aleja de cualquier posibilidad de desarrollo.

Muchas personas podrán sostener una filosofía de supervivencia del más apto, una especie de darwinismo social. Incluso podrían asegurar que se trata de una especie de destino manifiesto, en el que unos tienen y otros les dan. Esta situación se complementa con un fatalismo vestido de resignación que vemos en los testimonios de los mineros del carbón cada vez que hay accidentes. O en su momento de las trabajadoras de las colonias textiles catalanas del siglo 19.

A 25 años de que la ONU declarara que el Desarrollo es un derecho de todas las personas, creo que las cuentas no son las mejores. Recordar esta fecha nos debe orientar a una redefinición de políticas públicas y al cambio de actitud en torno al desarrollo. Mientras no asimilemos como civilización que el desarrollo debe ser integral y universal, poco podremos avanzar. Entender el desarrollo como un derecho inherente a la persona es el reto.



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