Screen

Profile

Direction

Menu Style

Cpanel

24Julio2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Desde los antiguos griegos y en todas las culturas y épocas, los seres humanos nos hemos cuestionado el significado de la felicidad y lo que la determina. Para Aristóteles, no estaba claro si era algo que podía aprenderse, adquirirse por costumbre o si sobrevenía del destino. Hasta ahora no existe una definición científica de felicidad y las que hay son de carácter empírico y todas pueden tener razón ya que la felicidad tiene tantos y tan diversos significados que cada uno de nosotros la entiende de forma distinta.

 

Hace unos días conocimos por la Encuesta Nacional del Bienestar del INEGI que 84 de cada 100 mexicanos se dicen “felices”. Las respuestas, inclinadas más hacia las emociones definen tres aspectos fundamentales que nos afectan: violencia del hogar, depender de otro para el gasto y el tener un hijo o hija con una enfermedad delicada. Con altas calificaciones se valoró la vida familiar, autonomía, salud y la apariencia física.

Los resultados de la encuesta coinciden con la posición que tiene México en el Índice Mundial de Felicidad de la firma Gallup y con el Índice Planeta Feliz elaborado por la New Economics Foundation (NEF). Con Gallup tenemos el sitio 22 de 154 países y estamos encima de Inglaterra y Estados Unidos. Por su parte en el de NEF nos ubicamos en el sitio 21, mejor colocados que Nueva Zelanda, Noruega y Suiza, naciones todas con altos niveles de desarrollo.

En las tres encuestas, la de INEGI, Gallup y New Economics Foundation, la constante es la “percepción” de felicidad que no fue perturbada jamás por los problemas de pobreza, salud, educación, desigualdad, desempleo y violencia. Parecería que resulta fácil vivir cuando se cierran los ojos en una ceguera a la que hacia mención José Saramago cuando afirmaba que “todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran”.

Preferimos la ceguera a buscar la felicidad pues hacerlo significa correr el riesgo de no encontrarla y eso si que nos haría infelices. Pero la terca realidad tiene información que contradice las encuestas de percepción. Se trata de datos duros que nos dicen algo muy diferente. Por ejemplo, el Índice de Desarrollo Humano de la ONU (IDH) medición que los académicos han aceptado como la metodología más amplia y aceptable para medir el verdadero bienestar en los países dice que México tiene el lugar 57 de 187 países y que los primeros tres lugares lo tienen Noruega, Australia y los Países Bajos. El IDH evalúa la esperanza de vida al nacer, la educación con el nivel de alfabetización adulta y el PIB per Cápita.

Porque su parte la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico nos dice que en México existen 7 millones 820 mil jóvenes que ni estudian ni trabajan y que en educación tenemos el lugar 48 entre 65 naciones. Otra realidad brutal: 52 millones de mexicanos se encuentran en la pobreza de acuerdo a cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). En Salud, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012 diagnostico un México enfermo y con pocas posibilidades de sanar: 48 millones de mexicanos con sobrepeso y obesidad, 14 millones con diabetes y 22.4 millones con hipertensión. En desigualdad de nuevo para la OCDE hemos alcanzado el nivel más alto de los últimos 30 años al ser uno de los países más desiguales con ingresos 26 veces superiores para 10% de la población más rica respecto al 10% de la más pobre y que según el INEGI 2.4 millones de mexicanos están desempleados y 14.2 millones más en la economía informal. En nuestra sensación de “felicidad” poco importó la violencia a causa del crimen organizado que ha costado la vida de cerca de 80 mil mexicanos.

La pregunta seria entonces:  ¿De verdad somos muy felices conociendo nuestra realidad o lo somos cerrando  los ojos y volteando la cara para negarnos a sufrir a causa de la verdad?. De ser así, que felicidad da el saber que nos reconocemos felices aun conociendo las difíciles condiciones en que viven millones de nuestros semejantes. Al final es posible que tuviera razón el filósofo y escritor alemán Immanuel Kant cuando señalaba que “la felicidad no brota de la razón sino de la imaginación”.



MAS EN ESTA CATEGORIA « México y sus Retos

DEJA TU COMENTARIO

Ingresa datos requeridos(*) Código Básico HTML Habilitado

¡Síguenos también en las Redes Sociales!

TwitterFacefooter

twitter Facebook