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28Marzo2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Salvador Hernández Velez

Aunque Andrés Manuel López Obrador, fiel a su costumbre, desde que era Jefe de Gobierno del Distrito Federal, hace anuncios a ver quién cae. Ahora ha declarado la posibilidad de que haya un Presidente Interino: “No debe extrañarnos —dijo en conferencia de prensa— que se cancele la elección presidencial, que se invalide. La Constitución establece para estos casos lo que procede, que el Congreso, en este caso la Cámara de Diputados, elige a un Presidente Interino”.

 

Esta situación de falta de Presidente se enmarca en las modificaciones a la Constitución en los artículos 84 y 85. Sin embargo, en nuestro País, desde 1940 hasta el momento, nunca ha habido una falta absoluta del Presidente de la República. Esto es una característica del sistema político mexicano postrevolucionario, desde los tiempos del presidente Lázaro Cárdenas hasta nuestros días, todos los presidentes han iniciado y concluido sus periodos sexenales en tiempo y forma, cada quien en sus circunstancias.

 

Después de la Constitución de 1917, en el País enfrentamos el asesinato del presidente don Venustiano Carranza el 21 de mayo de 1920, y el 17 de julio de 1928 fue asesinado, siendo presidente reelecto, Álvaro Obregón. En esos casos de elección de un Presidente Interino la situación se resolvió en el Poder Legislativo sin mayores problemas por el poder del caudillo Plutarco Elías Calles.

 

En el supuesto caso de ausencia absoluta del Presidente de la República, porque así lo determinara el Tribunal Federal Electoral, que es la última instancia en materia de arbitraje electoral, producto de haber declarado inválida la elección presidencial, a partir de la solicitud que hicieron las Izquierdas, el panorama político se tornaría preocupante. Por nuestro sistema presidencialista la titularidad del Poder Ejecutivo se deposita en una sola persona, por lo que su ausencia se traduciría en un vacío de poder potencialmente catastrófico, no sólo para el equilibrio de poderes sino para la gobernabilidad del País. ¿Cómo resolvería esta circunstancia un Poder Legislativo en donde ninguna fuerza política tiene mayoría absoluta? Porque hoy en día no hay caudillo.

 

En el artículo 84 constitucional se establece que si el Congreso estuviese en sesiones deberá constituirse “inmediatamente” en Colegio Electoral y, con un quórum de cuando menos dos terceras partes de sus miembros, nombrará, “en escrutinio secreto y por mayoría absoluta de votos”, un “presidente interino”. Pero si el Congreso no estuviese en sesiones, la Comisión Permanente nombrará un “presidente provisional” y convocará a sesión extraordinaria al Congreso, para elegir al Presidente Interino y en otra sesión, también extraordinaria, está obligado a expedir, dentro de los 10 días siguientes a la designación del Presidente Interino, “la convocatoria para la elección del presidente que deba concluir el período respectivo; debiendo mediar entre la fecha de la convocatoria y la que se señale para la verificación de las elecciones, un plazo no menor de 14 meses, ni mayor de 18”.

 

Este escenario, sin duda no es deseable políticamente, porque desestabilizaría al País. Así se lo acaban de plantear a la dirigencia del PRD los integrantes del Consejo Coordinador Empresarial. Afortunadamente, la previsión para librar este escenario de ingobernabilidad está delineada en el nuevo artículo 84 constitucional: “En caso de falta absoluta del Presidente de la República, en tanto el Congreso nombra al presidente interino o sustituto, lo que deberá ocurrir en un término no mayor a 60 días, el Secretario de Gobernación asumirá provisionalmente la titularidad del Poder Ejecutivo”.

 

Mientras que el Trife resuelve las impugnaciones que presentó López Obrador, candidato de las Izquierdas, para que las autoridades electorales mexicanas invaliden la elección y luego para que el Congreso proceda a elegir un Presidente Interino, ya se desató una crisis postelectoral que mantiene en suspenso al País, que sigue a la espera de la resolución definitiva de los resultados. En el escenario más probable, el que el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, sea designado ganador por las instancias previstas en la ley, también hay situaciones que presagian inestabilidad política. Como son las acciones que seguramente ya diseñó Andrés Manuel para negarle a Peña Nieto la legitimidad. Por donde se le vea, el futuro inmediato es de inestabilidad.

 

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