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19Noviembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Oscar Pimentel González

El redentor es una persona que se asume como un ser superior. Puede ser en el ámbito religioso, donde pretende salvar a los demás de la condena de Dios y de la pérdida de su alma, o en el terreno social, donde busca rescatar al prójimo del flagelo de la pobreza y el sufrimiento.

Pero el redentor político, que cree en su propia grandeza y en su inspiración divina, se propone salvar a los pobres ciudadanos, ignorantes e ingenuos, de las garras de los poderes facticos, llámense partido político, televisión, empresarios, países extranjeros, sistema de gobierno e instituciones electorales. La promesa del líder es que todo puede cambiar de un día para otro: erradicar la pobreza y la desigualdad, crear empleos, crecer y mejorar el bienestar, basta con eliminar la corrupción, la ineficiencia y el neoliberalismo. Con el presupuesto del gobierno se debe financiar todo, aunque no tenga un respaldo que lo sustente. La responsabilidad y participación ciudadana no son necesarias; para eso está el gobierno. El líder es la única verdad, el único camino. O se está a favor o se está en contra. No hay razonamiento que valga. Es más, razonar atenta contra la integridad de las ideas del líder, no se vale. El cambio social tiene una formula sencilla, diría el líder redentor, voten por mí.

El líder político redentor es una amenaza para nuestra democracia. Las leyes y las instituciones son un estorbo porque implican normas, políticas, procedimientos y reglas que es obligatorio respetar y eso implica acotar el margen de acción de quien se asume como líder o gobernante, cuyas decisiones son infalibles porque están fundadas en la verdad.

El redentor político utiliza como principal instrumento la mentira, la demagogia y el engaño cuidadosamente planeado, y más, estratégicamente ejecutado. Por ello, su principal característica es la ausencia absoluta de escrúpulos: sabe que debe mentir, lo calcula, lo ensaya. Mañana será otro día y habrá más y nuevas mentiras. Causar daño a las personas y a las instituciones es un propósito consciente y deliberado que se justifica por sus beneficios políticos ,es decir por la posibilidad de tener cada vez más poder. Tiene todo el margen. Sin referentes éticos, sin principios consistentes, el campo está libre.

El redentor vive de la enajenación de las personas con su proyecto. Vive del culto a la personalidad: es el más inteligente, el más comprometido con las clases populares, el más amado y, por supuesto, el único con la capacidad de rescatar a la sociedad de la situación actual.

Se trata de un estilo de liderazgo basado en las ideas y decisiones personales, una forma totalitaria de imponer lo que se debe de hacer sin consensos ni contrapesos; que arrasa con el menor vestigio de resistencia. Así se ejerce el poder y se utilizan las instituciones en beneficio de una persona, ni siquiera a favor de un partido o de una causa.

Andrés Manuel López Obrador se ha propuesto ser el redentor de los mexicanos. Nos quiere salvar. Ni siquiera importa qué pensemos los ciudadanos de lo que pasa en el país y de lo proponemos que se haga para salir adelante. De antemano estamos equivocados. Y si cometemos el sacrilegio de opinar algo distinto, es muy fácil: somos agentes de la derecha, corruptos y cómplices de lo más malo que pueda existir .

Nadie, en su sano juicio, piensa que las elecciones del primero de julio fueron perfectas e inmaculadas. Estoy seguro de que la mayoría de los ciudadanos piensa que hubo irregularidades que se deben investigar para que se apliquen las sanciones que corresponden conforme a la ley y que, de ser necesario , sean el objeto de una nueva actualización de las leyes electorales. Pero de esta percepción, que se respalda al analizar la racionalidad del voto ciudadano que favoreció y castigó a todos los partidos, no se deriva la impertinente demanda del presunto redentor de que se anule toda la elección presidencial.

¿ Por qué no se denuncia fraude en el Distrito Federal, en Tabasco y Guerrero donde el PRI hizo también su mejor lucha por ganar la contienda ? Sencillamente porque ahí ganó la coalición de izquierda encabezada por el PRD. La formula de AMLO es sencilla: si perdimos en algún lugar fue por fraude. No puede haber otra razón. Mi liderazgo está tan arraigado en todo el pueblo que la gente no puede votar por otro partido; es impensable.

Otra vez la megalomanía a todo lo que da. Así paso cuando perdió la elección para gobernador en Tabasco, así pasó cuando perdió la elección presidencial en 2006. Y, que curioso, cuando gano Jefatura de Gobierno del D.F. no hubo fraude, no hubo denuncias; ni siquiera para recuperar la experiencia y contribuir a mejorar las normas electorales. No, esa elección fue perfecta: ganó él. Se cumplió el designio divino. Fue el ungimiento del redentor. ¿ Como denunciar fraude? ¿Cómo desacreditar a las instituciones electorales si él ganó?

El redentorismo de AMLO es un ejemplo de opacidad y de uso de recursos públicos con fines electorales.( ¿Cómo financió su actividad política en seis años ? ).Es un tipo de liderazgo que daña la credibilidad de las instituciones electorales y demerita la participación de millones de mexicanas y mexicanos que participaron en la organización y realización de los comicios.

Frente al embate del redentorismo de AMLO, la apuesta ciudadana y de los partidos políticos debe ser respaldar la tarea de las instituciones electorales y exigir que se revisen puntualmente las irregularidades, que se sancione a quien las cometió, y que se pueda actualizar la normatividad electoral para cubrir vacios y dar certeza plena a las elecciones, ejercicio clave de nuestra democracia.

http://oscarpimentel.wordpress.com

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@oscarpime

 



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