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Después de mí, el diluvio

Dogma de Fe


 Para muchos historiadores fue Luis XV, Rey de Francia, el responsable de la frase Après moi, le déluge: “Después de mí, el diluvio”. La explicación que han dado a esta expresión está ligada a la personalidad ególatra y enferma de poder del monarca francés. Para algunos, el Rey estaba afirmando: “Sin mí no queda nada o peor aún: sin mí, no son nada. A Luis XV se le recuerda como uno de los reyes más impopulares de Francia.

Las pasadas elecciones en México no arrojaron nada nuevo. Ganó quien obtuvo el mayor número de votos:19 millones, la cifra más alta de todos los tiempos. Aún asi, las impugnaciones aparecen y la falta de reconocimiento de los resultados también lo que tampoco tiene nada de nuevo. Este s alta de todos los tiempoecadasigieron esa opcrojado nada nuevo. Ganin mi no hay futuro. elo del Luis XVI, decapitado decadascomportamiento ha provocado que muchos nos preguntemos ¿Qué es lo que realmente mueve al candidato de las izquierdas?. Y es que aunque las hipótesis son varias y muchas de ellas se dan en el terreno del psicoanálisis, lo cierto es que hoy seguimos atrapados en los caprichos, dogmas y obsesiones de una sola persona. Y es que dejando de lado que todos los candidatos firmaron el pacto de civilidad política con el IFE y que estamos dentro de la ruta legal para dirimir las diferencias electorales , también la evidencia disponible nos hace pensar que intentara obtener en la calle lo que no ganó en las urnas.

Ya sucedió en el 2006 y ahora no será diferente. Él es el mismo de siempre: el que ha competido en cinco elecciones constitucionales ganando solo una, curiosamente la única en donde reconoció el resultado. Las otras fueron dos elecciones estatales y dos elecciones presidenciales, todas con el mismo desenlace: la derrota y todas con la mismas consecuencias: el conflicto poselectoral, las movilizaciones y los plantones. Jamás aceptó una derrota.

Pero lo que parece increíble es que nuestro país siga sometido a los caprichos de una sola persona. Ya en el 2007 se modificó la legislación electoral al contentillo satisfaciendo sus propósitos de preparar su candidatura en las elecciones de 2012. Así, recorrió México durante seis años haciendo campaña sin que nadie lo sancionara y lo veíamos en comerciales (transmitidos en la televisión a la que ahora censura) y en entrevistas en todos los medios.

Me parece que esa ya no debería ser la discusión. México necesita una izquierda moderna, propositiva, renovada. Una izquierda que junto a las otras fuerzas políticas promueva los cambios que necesitamos. Una que luche por un país más justo, más equitativo pero también más competitivo y productivo. Una izquierda que ayude al estado mexicano a regular y someter a los monopolios pero que proteja a los empresarios nacionalistas. Una izquierda que ayude a mejorar la educación y la cultura, y que promueva la protección de los derechos sociales y humanos, y que ayude a pacificar la República.

Por eso afirmo: ¿Es justo que la suerte de la izquierda esté atada a un solo deseo personalísimo? La izquierda mexicana se merece un futuro mejor, más digno y más grande. Muchos hombres y mujeres murieron, fueron encarcelados y perseguidos soñando con un México más justo, un México de lo colectivo y no la obsesión de un solo militante que se siente llamado a una misión cuasi religiosa en donde se ha vuelto imposible discutir con gran parte de su feligresia. La nación está polarizada y en estado de crispación social. Sus principales promotores han sido dos personajes: uno que ya se va y otro que no logra aceptar irse y que no entiende que 7 de cada 10 votantes no lo elegimos. Ese también es un mensaje y en su frustración afirma que 19 millones de nosotros somos masoquistas y avales de un régimen de corrupción.

La frase “Después de mí, el diluvio", es un reflejo de una persona que se siente parte de una misión conferida con un fin superior. Yo estoy seguro que no habrá tal diluvio y que para la verdadera izquierda mexicana y quienes militan y simpatizan con ella, puede suceder lo que afirmaba el poeta ruso Aleksandr Pushkin: “Más vale quedarse aquí y esperar, a lo mejor se calma la tormenta y se despeja el cielo, y entonces podremos encontrar el camino por las estrellas”.