Screen

Profile

Direction

Menu Style

Cpanel

21Enero2018

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

En su libro más reciente, Ayaan Hirsi Ali describe a detalle cómo, a la edad de cinco años, le extirparon el clítoris con unas tijeras.

Lo recuerda nítidamente: la tarde en que la hacen pasar a un cuarto, la acuestan sobre el suelo, la sujetan su abuela y dos mujeres más. En eso llega un hombre, se inclina junto a ella y le quita la ropa; saca unas tijeras y le corta los labios menores.  Dice haber escuchado el sonido del corte. Clap. El dolor le sube por la espalda,  le quema. Luego el clítoris. No paraba de gritar, intentaba zafarse,  y su abuela le decía ten calma, debes pasar por eso, tienes qué purificarte… después la cosieron; su vagina estaría sellada con una cicatriz, que sería destruida, años después, en su noche de bodas.

La mutilación genital femenina es una práctica vigente en algunos países de África y Oriente Medio. Según la información que ofrece Amnistía Internacional, más de 130 millones de mujeres fueron sometidas a ésta práctica, a las que se suman 2 millones de niñas por año. Una costumbre antigua en la cultura musulmana, para evitar que las mujeres sientan placer; luego las cosen para que, al cicatrizar, la vagina quede cerrada. Se les deja un orificio para el paso de la orina y el flujo menstrual.

No son pocas las personas que se han manifestado contra ésta costumbre de origen religioso. La Top Model y activista Somalí Waris Dirie, después de ser embajadora especial de la ONU contra la Mutilación Genital Femenina (y ser víctima de ésta), fundó su propia organización para combatir la terrible práctica.

La ONU, por su parte, declaró el 6 de febrero como el Día Internacional de la Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina.

No se puede respetar una práctica, cultura o religión, si resulta una clara violación contra los derechos humanos.

Mientras que en occidente se crean programas de igualdad y equidad de género, en algunos países de África, como Somalia, el 95% de las niñas entre 4 y 11 años están en riesgo en morir por una tradición ancestral, producto de una religión salvaje cuya guía moral está muy lejos de buscar el bienestar de sus seguidores.

 



Astor Ledezma

Social Profiles

DEJA TU COMENTARIO

Ingresa datos requeridos(*) Código Básico HTML Habilitado

¡Síguenos también en las Redes Sociales!

TwitterFacefooter

twitter Facebook