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28Marzo2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Segunda Parte…

“La Columna de Hierro” gran novela de Taylor Caldwel que repasa la vida de Marco Tulio Cicerón y el Esplendor del Imperio Romano, rinde culto a los dioses y a las insignes figuras de la mitología griega, en especial a Palas Atenea, destaca incluso el pensamiento de estas figuras mitológicas y su filosofía de la vida:

 

“Atenea decía “El hombre se ha vuelto como nosotros. Voy a darle la sabiduría. Y Marte declaraba: Se ha vuelto como nosotros. Por lo tanto, le daré el odio y la guerra. Y Vulcano manifestaba: Se ha vuelto como nosotros. Le daré el trabajo. Venus añadía: Se ha vuelto como nosotros. Le daré la justicia y el amor”.

 

“Y Apolo decía finalmente: se ha vuelto como nosotros. Por lo tanto, le concederé la gloria de las artes, el conocimiento del cuerpo y el poder de lograr belleza del polvo. Mas Prometeo replicaba, retorciéndose en su agonía: Hemos llegado a ser más grandes que los dioses porque hemos adquirido el dolor”…

 

Cicerón escribió discursos, ensayos, poesías y textos diversos, en ellos, en ese empeño editorial y de comunicación con su pueblo, tenía un cómplice afectivo, su editor Ático. Con él discutía y analizaba las conductas y las leyes: Hablando del gobierno y las injusticias que comete en perjuicio del ciudadano decía: “Se han atrevido a meter en la cárcel a un hombre así, por denunciar en un libro la corrupción y el despotismo del gobierno actual”.

 

¿Y qué no se trata de un insulto gratuito?, dijo Marco con tono seco y amargado. Haré lo que pueda Ático. “Pero cuando un gobierno se halla decidió a difamar, destruir, asesinar a un héroe, lo puede hacer con toda impunidad. Es que ahora nos gobiernan los hombres y no las leyes”…

 

En defensa de este ciudadano agraviado por el gobierno Marco dijo: “Soy Cicerón, de la familia de los Helvios, a la que usted debe conocer. Los hombres no viven solo de sí mismos. Viven para sus hijos y nietos y viven en ellos. Si se resigna a la muerte sin hacer un esfuerzo para defenderse, manchará su apellido y deshonrará la memoria de sus hijos así como la existencia de los hijos de sus hijos”.

 

Con su amigo Roscio hablaba de los políticos: Los políticos comentó Roscio: “tienen que hacer al payaso; si no, dejarían de ser políticos”. Yo no soy político respondió Marco. Mi querido amigo repuso Roscio: “Todos los abogados son políticos incipientes. Y tanto unos como otros son actores. No son lo que dicen ser ante los Magistrados o el pueblo”.

 

“Todo consiste en el modo como lo dicen, las posturas que adoptan, la entonación de sus voces. Uno de mis primeros mentores, un actor muy viejo, era capaz de contar hasta diez y el tono de su voz era tan cambiante, su aspecto era tan trágico, que los espectadores reían hasta que les saltaban las lágrimas”.

 

Cuando cursaba el quinto año de primaria, mi maestro era el entonces muy joven profesor Andrés Mendoza Salas, en una ocasión nos recitó algo parecido a lo que refiere Roscio, el amigo de Cicerón y que resumí en el párrafo anterior. Andrés nos agrado con una prosa y entonaciones que pasaron de la risa a las lágrimas, de la emoción a la ternura, de enojo a la emoción, “recitó la numeración del uno al cincuenta”… Mendoza Salas fue un gran maestro, de esos pocos que te marcan positivamente, hasta creí que era mi amigo.

 

Julio César, político poderoso, amigo de Marco, en su discusión con este, sobre los gobernantes con poderes desmedidos, apuntaba: “El mérito no reside en ningún hombre y prevengamos a la nación para que no considere a su gobernador temporal como divinidad y le adule, deleitándose con sus idas y venidas, reverenciándole, oyendo sus palabras como si bajaran del Olimpo acompañadas del sonido del trueno, desterrando a los que no opinan como él, coreando serviles a todo lo que él diga y llegando a creer que es superior a los que le elevaron por el voto o en un momento de peligro”…

 

En cuanto a la relación del hombre, de lo terreno con su Dios, Marco Tulio Cicerón decía: “Yo creía que solo Roma era importante, que su muerte significaba la muerte del género humano. Pero ahora, de pronto, me he dado cuenta de que, aunque Roma desaparezca, Dios permanecerá, así como sus planes con respecto a la humanidad. Sin embrago, eso no nos da excusa para que deje de luchar contra el mal, porque LOS QUE LUCHAN POR EL MAL SON LOS SOLDADOS DE DIOS”.

 

Del poder, de la relación del poder constructivo, del poder legal, de este que ve en el pueblo su valor, Cicerón con tristeza filosofaba: “Como un constructor debe tener un plano para poder construir bien, así el pueblo debe tener una constitución para que lo guie. Pero hemos abandonado nuestros ´planos y nuestros mapas tan laboriosamente confeccionados por nuestros padres. Por eso tenemos dictadores, hombres que ambicionaban el poder centralizado en sus manos para oprimirnos”.

 

Para un político era esencial haber tenido un padre y una madre que le enseñasen valores, principios, que le advirtieran que el nombre de la familia tenía valor social, que habría de ser resguardado cual bien más preciado. A Cicerón, su madre Helvia le decía: “Tu no harás nada malo”…Marco esperaba con todo fervor que fuera así, y reflexionaba: “Si uno no puede hacer nada bueno en política, al menos sí que puede no hacer daño”.

 

De los rumores, de la información que se vierte en la sociedad, de las noticias, de cómo ser inteligente para recibir lo que alguien quiere verter para influir, Cicerón decía a su madre: “La sabiduría se basa en el conocimiento, pero el conocimiento no es siempre sabiduría. Y no es ninguna paradoja”.

 

“Está el conocimiento intuitivo, fuente de la sabiduría, y el conocimiento objetivo, que es una colección de hechos, muchos de los cueles no nos sirven de gran cosa. El hombre sabio no da su opinión fácilmente y debe investigar lo incomprensible. El que solo tiene conocimientos es rápido en sus juicios porque no reconoce ni ve las grandes fuerzas imponderables que operan en el mundo. Por ello es peligroso”.

 

Cicerón creía en el poder del pueblo, en el acotamiento del poder y en un gobierno que no se dedique a usar al pueblo: “Desde que el gobierno ha caído en manos de unos pocos, reyes y príncipes de todo el mundo han iniciado la costumbre de hacerles regalos; las naciones y los estados les pagan tributos. Pero los demás, por valientes y dignos que seamos, tanto patricios como plebeyos, somos considerados por ellos como una plebe que no tiene importancia y con la que no merece la pena tratar”.

 

“¡Pisoteados por las botas de aquellos que, si las cosas fueran como deberían ser, se mostrarían asustados ante nosotros! En sus manos esta toda la influencia, el poder y los beneficios. Para nosotros reservan las burlas, las amenazas, las persecuciones y la pobreza. ¿Cuánto tiempo vamos a seguir soportando con humildad y sumisión? ¿Cuánto tiempo, mis desposeídos camaradas, vais a seguir soportando esto? ¿NO ES MEJOR MORIR TRATANDO DE CAMBIAR LAS COSAS QUE VIVIR SUFRIENDO LA ISNOLENCIA EN LAS PEORES CONDICONES DE POBREZA E INFAMIA?...

 

Marco tulio Cicerón escribió a Julio César, tenían grandes diferencias en el modo de ver la vida, la política: “El hombre es el único ser que caza y asesina a los de su propia especie, y he descubierto que los gobiernos recurren a la guerra para silenciar el descontento interno y unir a una nación contra un enemigo o para proporcionar una falsa prosperidad al Estado, CUANDO LAS FINANZAS ESTAN EN DECLIVE Y LA CORRUPCIÓN HA ALCANZADO A TODOS LOS POLÍTICOS”.

 

La Columna de Hierro, segunda parte…”Eres una Columna de Hierro, le escribió su amigo Noé Ben Joel a Cicerón: Como Dios ha indicado que es el hombre justo. Mucho después de que el mármol pulido se halla hecho pedazos, el hierro de la justicia permanece y aun sostiene el techo sobre la cabeza del hombre. Sin hombres como tú Marco, lo demuestra la historia, las naciones morirían y dejaría de haber hombres”…



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