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23Marzo2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Las primeras afirmaciones de Sócrates Rizzo, que fuera Gobernador de Nuevo León, en torno de la manera como el PRI administraba el narcotráfico merecen una reflexión seria y detenida.

Es una lástima que él mismo se retractara de lo dicho y que los priístas de todos los grupos salieran a descalificar lo planteado por su compañero de partido. La reacción generalizada fue la del escándalo o el desgarrarse las vestiduras, siempre en lógica político-electoral, pero no la de tratar de entender su planeamiento.

El núcleo central de su afirmación es que en los tiempos del los gobiernos del PRI en la Presidencia de la República había una estrategia para administrar el problema sin que se violentara la paz social. Sostuvo también que con el arribo de los gobiernos panistas a Los Pinos se perdieron las viejas maneras de administrar el conflicto y fue cuando surgió la violencia descontrolada.

Las afirmaciones de Rizzo apuntan a que existe otra manera de hacer frente al problema que no sea la guerra. El hecho de que se plante una solución que no sea la guerra merece que se le considere. La actitud de los priístas y panistas no debió haber sido la descalificación sino el preguntar: ¿Qué sabía? ¿Cómo se hacía? Siendo Gobernador, ¿qué hizo o qué le pedía la Presidencia para enfrentar el problema? Siempre se ha dicho que los gobiernos del PRI tenían una buena manera de administrar el problema del narcotráfico. Se cuentan historias sobre el papel que en esa estrategia jugaba don Fernando Gutiérrez Barrios.

La afirmación de Rizzo permitía conocer de primera mano la manera en la que por muchos años se manejó el problema. La reacción del Secretario de Gobernación y del propio Presidente de la República debió haber sido invitarlo a dialogar. Quien fuera Gobernador de Nuevo León tiene razón al indicar que el problema se manejaba antes de otra manera y el trasiego de la droga hacia Estados Unidos no provocaba los actuales problemas de violencia y enfrentamiento con las autoridades. Todo indica, como sugiere Rizzo, que había una estrategia que resultaba eficaz. La de ahora, ciertamente, no.

Habría, pues, que preguntar a detalle cómo operaba y quiénes eran sus responsables. El haber descalificado de inmediato a Rizzo le permitió salir muy pronto de su dicho y no tener que abundar sobre sus declaraciones. En las afirmaciones del priísta hay una veta que merece ser investigada.

No hay que darle carpetazo. Debe aprenderse de las cosas que en el pasado se hicieron bien. Esta parece ser una de ellas. El gobierno y los órganos responsables de combatir al narcotráfico tienen pistas. Toda estrategia que resuelva el problema sin violencia debe en principio ser considerada.



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