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19Noviembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

SOLILOQUIO

Adrián Garza Pérez

 

“La Columna de Hierro” es todo el perfil de un tipo de su época, de Marco Tulio Cicerón, hombre de letras, poeta y abogado valiente, toda esa muestra de fehaciente defensa de los principios, de las creencias, de las leyes, de su estricta y prístina aplicación. “La Columna de Hierro” es esa rectitud de propósitos, es esa ofuscada obsesión por lo bien hecho, por lo bien vivido, por lo perfecto.

 

Hasta hoy, a mis 51 años, luego de muchas y variadas lecturas he de decir que este libro me ha marcado…No sé si es de los tres libros que me marcaron, pero lo recordaré por si me preguntan algún día. Es apasionante y aleccionador, valla que si lo es. Más de dos mil años trascurridos: Sus pasajes y lecciones filosóficas son tan crudas como actuales que se enchina la piel.

Taylor Caldwell, escritora inglesa avecindada en Estados Unidos, escribió con gran agudeza literaria y despliegue de investigación, esta novela histórica que relata la vida de la dinastía de los Cicerón, en especial de Marco Tulio Cicerón, el tercero en la estirpe generacional, de la Roma de esa memorable época.

Sus obras cuentan la vida de familias por varias generaciones. El tema es la pugna entre el deseo de poder y dinero y los valores familiares y espirituales. En sus últimas obras cambió a la historia de personajes que surgen de la pobreza y alcanzan grandes fortunas.

“Que lectura tan apasionante, que recorridos históricos y geográficos se recorren de la narrativa de Caldwell.. De la naturaleza, de las costumbres, de los empeños por el estudio, la poesía y la literatura, como norma de conducta de las familias de la Roma y sus alrededores itálicos”.

 

Lecciones de vida se viven a través de las páginas de esta apasionante y basta novela. Las lecciones guerreras del abuelo; las vivencias culturales y las enseñanzas del padre, quién con su sobriedad inclina a los hijos al estudio, la poesía, el carácter firme pero noble; y las lecciones de la madre, de humildad, de laboriosidad, de apego a los valores y de la administración escrupulosa de los recursos familiares.

 

La vida de Cicerón transcurrió entre libros. Marco amo sus lecciones y a sus maestros, en especial al gran abogado y tutor Scaevola, que le aleccionó en la vida, la política y las leyes, siempre mediante frases o parangones: “Muchacho tú estás loco, vas a pedir clemencia a un gobierno que es la destrucción personificada. A un gobierno, recuerda, que necesita dinero…el dinero de su cliente. Como si a un león hambriento le pides que suelte a una gacela. No, no mi imberbe chiquillo: Debes buscar otra cosa si quieres convencer al león”.

 

Cicerón como hombre bien nacido respetó y recibió sumiso lecciones de su abuelo y su padre, la estirpe de los Tulios, romanos estudiosos y honestos: Su padre Tulio le versaba sobre el gobierno (el de esa época claro está, no vallan a creer que…): “Los gobiernos raramente representan a los pueblos. El amor a la patria a menudo se confunde en la mente de los simples con el amor al gobierno.

 

“Pocas veces son una misma cosa; no son sinónimos. Los hombres perversos que están al frente del gobierno se ven obligados a mostrar en público una cara simpática ante los oprimidos y fingir en todo momento que todos son una sola y misma cosa, tratando así de rectificar las torpezas que secretamente han cometido”.

 

Cicerón fue ante todo un hombre de fe, creía en la gente y en sus derechos, era una época de muchos dioses, pero él tenía claro que Dios era superior y centro de las vidas. Al defender ante El Senado a un ciudadano que le confiscaron sus pertenecías por no poder pagar impuestos argumentaba: “¿Es que un ciudadano romano vale menos que su casa, su ganado, sus humildes lares ý penates, su escaso mobiliario?

 

“Dios dio a este hombre la vida, y sin embrago, ustedes van a destruirla por una piezas de oro. ¿Acaso se creen más sabios y más importantes que Dios? ¿Creen que el oro vale más que la vida humana? Si dicen que sí, habrán pronunciado la más terrible de las blasfemias”.

 

Discutía con su maestro Scaevola la defensa de sus representados en todo momento cuando la justicia les asistiese a criterio de él como abogado: “Creo que estás loco. Sin embargo te felicito, aunque esta claro que morirás joven. ¿Es que el gobierno no quiere cada día más y más poder? Si te opones al gobierno, aunque sea en la cuestión más insignificante, te veras en el mas grande de los peligros”, le decía su maestro.

 

¿Entonces me aconseja que abandone la practica de la abogacía?, cuestionaba Cicerón. “puedes encargarte de millares de casos sin necesidad de enfrentarte con el gobierno. “Ya he prometido encargarme de este caso, insistió Marco

 

Marco fue proclive a incursionar en la política y las cosas del gobierno, pero fue siempre un valiente critico de las cosas y los procedimientos: “criticó a el sistema que permitía a funcionarios de poca categoría el llegar al Senado (era entonces una instancia poderosa y deliberativa) gracias al dinero y a las influencias”.

Entonces habrían de ser hombres honestos quienes accedieran sin ninguna tasatura a los cargos relevantes, aunque se les juzgue de locos por ser honorables. . “Todos los hombres virtuosos y patriotas tienen algo de locos, porque lo normal es que los hombres sean perversos y traidores”.

 

Discutía de política y filosofía social con el ambicioso Julio César, aunque lo quería, como su amigo de la infancia al que defendía de sus agresores escolares (quizás los primeros casos de bullyng en la historia), tenían profundas discrepancias: “Por desgracia ocurre muy a menudo que tal salvajismo es utilizado por los hombres sin escrúpulo en beneficio de sus intereses, manipulando a la plebe. Pero esos mismos hombres sin escrúpulos pueden descubrir, cuando ya sea demasiado tarde, que han agarrado a un tigre por la cola”.

 

Con su amigo judío (Cicerón no hacía preferencias por condición o credo) Noé Ben Joel aprendía de lecciones de religión y vida: hablando de la esposa y de las virtudes de una buena mujer le decía Noé: “Una buena esposa es valiosa como los rubíes. Todo lo que uno pueda no tiene comparación con ella. En su mano derecha tiene el poder de de alargar los días y en su izquierda las riquezas y el honor. Sus modales son agradables y todos sus pasos llevan a la paz. Es como un árbol de la vida para todos los que puedan apoyarse en ella y felices son quienes la conservan”.

 

Noé comparaba a la mujer idónea con la madre de Cicerón, Helvia (que estaba presente en la discusión entre amigos), de la dinastía de los Helvios, gente fina y educada, de abolengo romano, por ello había descrito tales cualidades de la mujer perfecta, así era Helvia. Pero la mujer en la Roma de la época quería emanciparse: “Señora, las mujeres romanas han abdicado el trono de la femineidad eso es una gran pena para el mundo”…

 

La Columna de Hierro… se escribió en un libro de 829 páginas, y da para más análisis, mucho más. CONTINUARÁ.

 

 

 

 

 



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