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19Noviembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

A contrapelo

Xavier Díez de Urdanivia

Donde menos se espera, salta la liebre. Tras ese debate insípido y sin sorpresas, de repente y en el momento menos esperado, cambiaron de rumbos los vientos y desataron una marejada que descontroló al timonel del barco puntero y hasta hizo que éste escorara, sin que pueda todavía, bien a bien, medirse la cuantía del daño.

En un evento al que aparentemente no se le concedió relevancia y casi se tomó como de “trámite”, surgió un movimiento que ha demostrado, si no fuerza todavía, si gran efervescencia. “Yo soy el 132” ha tenido en México mucho más éxito del que hubiera podido alcanzar aquí el movimiento de “los indignados”, que tanta virulencia tuvo en otros lugares, sobre todo en España.

Podría parecer sorpresivo que se originara en la Ibero, una universidad privada, tradicionalmente identificada con la clase media alta de nuestro país, naturalmente conservadora.

Podría parecerlo, pero no lo es, y ciertamente podría ser que tampoco se hubiera abandonado ese alegado conservadurismo, si bien se miran las cosas.

En primer lugar, una de las características de los cuadros en el poder es que se han formado en universidades privadas, principalmente esa, el Tecnológico de Monterrey y el ITAM, representados destacadamente en la dirigencia de ese movimiento.

En segundo lugar, porque frente a la posibilidad del regreso del PRI, sobre todo del “viejo”, cuya tradición estaba signada por compromisos populares (aunque en sus últimos años dio un viraje que lo ubicó en el polo opuesto del espectro político), el temor a ver en riesgo los nuevos privilegios, pudiera haber movido algún resorte hacia su posición militante.

Hay que considerar además –a fuer de ser objetivos- que a la perfectamente explicable inconformidad de los jóvenes -y la mayoría de los mexicanos- ante las condiciones del país, se suma la oportunidad que se abre para el provecho de los pescadores en río revuelto.

En este último sentido, resulta curioso que una de las consignas del contingente se haya manifestado contra los medios y su patrocinio al candidato del PRI –cierto o ficticio, pero siempre supuesto por ellos- lo que coincide, hasta literalmente, con uno de los alegatos del candidato de la izquierda –sea lo que sea que eso signifique a estas alturas- que precisamente descansa en su pregón de que las élites –a veces las llama “mafias”, pero busca ser acogido por ellas- se han unido en una alianza para cercar su acceso al poder “y repetir el fraude de 2006”.

Resulta curioso, además, que el encono se manifieste contra un “viejo” PRI, muchos de cuyos más connotados miembros se encuentran en el círculo más cercano al candidato de esa coalición de izquierda, y todavía más cuando que el verdadero problema del país es el ahondamiento de la brecha entre los pocos que poseen casi toda la riqueza y los muchos más que carecen de todo o casi todo, lo que se agrava cuando, como ha sucedido muy claramente en las últimas décadas, se funden el poder político con el económico, creando oligarquías que se vuelven casi impenetrables, y de las que, a propósito, pertenecen también “las izquierdas”, algunos de cuyos integrantes ya no se distinguen mucho de los demás, como no sea por el color de la corbata.

El PRI perdió su capacidad de ser, como fiel muestra representativa, el reflejo de la variedad plena de la sociedad mexicana, en la que radicaba su aptitud para fungir como mecanismo de movilidad social e instrumento dinámico del discurso político dominante; el PAN nunca la adquirió del todo y la izquierda, aun renunciando a sus postulados de origen y hasta procurando alianzas contra ellos, tampoco.

Por eso la confusión es generalizada y hasta las élites intelectuales del país se ven afectadas. Serénense los ánimos, como diría algún candidato, y reflexiónese el voto, pero ante todo recupérense la cordura, la civilidad y la tolerancia para la contienda, que si la hierba está seca, no es sano arrimarle fuego.        



Xavier Díez de Urdanivia

Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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