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19Noviembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Dogma de Fe


 Aunque hasta este momento la ONU no la ha reconocido como la nación 194, a la República tuitera se le considera ya como un país libre, independiente y soberano en donde ciudadanos, comunicadores, políticos, artistas y toda clase de personas nos sometemos al mandato de sus reglas, leyes y condiciones.

 

Es verdad, Twitter domina el espectro de las redes sociales y ha logrado que muchos acudan a ella a informarse o desinformarse. Aquí se comparte información que va desde lo mundano hasta lo trascendente a través de ráfagas de 140 carácteres. Somos la generación del Facebook y del Twitter, naciones en donde existe la posibilidad de acceso a la información rebasa cualquier intento de censura. Desde aquí se hacen llamados a la movilización social (real o del ciber espacio) que en ocasiones se sobredimensionan sus resultados que muchas veces no obedecen en la realidad mundana a lo que se confirma en la red.

 

Las redes sociales se han convertido en una herramienta esencial para las campañas políticas o de mercadotecnia pero existe un mundo más amplio, un mundo que sobrepasa las aduanas de la República Tuitera. Es cierto que el Twitter y el Facebook han sido una fórmula para ensanchar la transparencia en los sucesos de la vida pública, pero no es infalible. Es más, ni siquiera la libertad de la que se dispone se usa muchas veces con responsabilidad y abona más a la destrucción de esas libertades que a su fortalecimiento. Y es que existen algunas personas que han querido hacerse con el poder de la República tuitera. Son aspirantes a Ciber-Dictadores que en su intención de adueñarse de esta nación hacen llamados al odio y a la descalificación. Por eso preocupa que la diversidad de ideas no sea permitida por esos aspirantes a gobernarla. Si alguien no está de acuerdo con tal o cual movimiento o expresión ideológica de inmediato se le tacha de vendido, corrupto, o traidor. Si no informas como ellos quieren, te descalifican de inmediato. Si no hablas de sus cifras como ellos quieren, estas mal.

 

Pero aun y que las redes sociales se han vuelto muy importantes, debemos ser realistas y no poner en ellas todas nuestras esperanzas de que la difusión de las ideas a través de las redes sociales llegue a todas partes o que los mensajes que ahí se propagan se traduzcan en hechos en el mundo real. Lo que pasa en esta nación tuitera no necesariamente refleja lo que sucede fuera de sus fronteras. Yo he visto a muchas personas comportarse de un modo completamente distinto a los comentarios que hacen en la red social. Además, no olvidemos que ahí, fuera en México, las redes sociales se enfrentan a un país como el nuestro con 112 millones de personas en donde solo 35 millones de ellos cuentan con acceso a Internet. Esto significa que 77 millones de mexicanos se encuentran en el atraso tecnológico.

 

 

 

Los teléfonos inteligentes o smartphones y las redes sociales han impulsado en los últimos años el uso de internet en México, pero aún estamos muy por debajo de países desarrollados. La penetración de internet en Alemania, por ejemplo, es del 70%, en México es del 30% y eso incluye el acceso a Internet en PC´s y en smartphones.

 

En la República tuitera mandan personajes como la actriz Anahí y el conductor Yordi Rosado que entre ambos tienen más de 6 millones de seguidores cuando a su muerte el escritor Carlos Fuentes no pasaba de 22 mil. ¿Esa es la república tuitera que queremos?

 

Las redes sociales han abierto espacios de información de forma innovadora, pero mejor pasemos del tweet y los retweets a una República tuitera en donde se discuta con libertad pero con respeto. Una en la que aprovechemos la tecnología para cambiar nuestro entorno de manera positiva, que reduzca la desigualdad, que nos ayude a estar mejor pero también bien informados.

 

Hagamos de la República tuitera un país libre, incluyente, una nación grande que respeta la diversidad y que en ella se fortalece. Una país en donde no se me censure o insulte solo porque no comparto ciertos puntos de vista. De otro modo, solo apaguemos nuestra PC o celular y enfrentémonos al México real, por cierto, en términos de división, encono y atraso muy parecido al del twitter.



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