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12Diciembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Amanda Castillo

@amandamafalda18

Los saldos de la guerra son siempre desastrosos. Más allá de la situación de violencia e inseguridad que vivimos casi a diario, existen otras cuestiones “secundarias”. No sé bien si el gobierno tiene una justa dimensión al respecto. En principio la polarización de la sociedad mexicana respecto a esta guerra; nos hemos acostumbrado a hablar de buenos y malos, como si tal cosa existiera. Incluso llegamos a escuchar como algunas personas se alegran por las muertes a destajo: “qué bueno que los mataron”. Escuchamos a seres humanos congratularse abiertamente por la muerte violenta de otros, en la mayoría de los casos sin conocer la situación de fondo. No estoy segura de que algo buena pueda traer esa polarización.

Por otro lado están los huérfanos de la guerra. Según la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Chihuahua, solo en ciudad Juárez, 12 mil niños han quedado en huérfanos debido a la situación de violencia; la misma instancia en el DF da un número aproximado de 3700 en esta entidad. Cifras como estas son aterradoras y no hablo de la cuestión sentimental, hablo de una cuestión social. ¿Cómo hará el aparato gubernamental para enfrentar esta problemática y cuales serán sus implicaciones en la sociedad? ¿Existe el recurso humano y material para educar a esos niños? O ya no digamos educar, eso sería imposible, solo para proporcionarles una vida relativamente decente.

Otra situación paralela es la de los desaparecidos, que ya de por si es grave, pero más allá de eso, que merece texto completo, las familias que enfrentan una situación de esa naturaleza requieren atención especial. La situación mental, legal y emocional por la que pasan es equiparable al infierno y de nuevo, el aparato gubernamental se muestra inútil, ya no digamos para encontrar a los familiares, solo para proporcionarles a esas familias una atención adecuada, orientarlos respecto a las acciones que deben tomar; medidas de seguridad para ellos y los demás miembros de su familia, orientarlos respecto a lo que deben o no decir en sus trabajos, en los de su familiar desaparecido, que hacer con sus cuentas bancarias, o con las ganancias que pudiera percibir la víctima por algún negocio. La instancia gubernamental no esta preparada para eso, no existe ni siquiera una legislación que pueda aportar cierta seguridad a las familias de los desaparecidos. A la par de la desesperación de no saber en dónde están sus familiares ni que fue de ellos, agréguele el tener que lidiar con un sinfín de trámites bancarios, laborales, fiscales, notariales, etc. en total desamparo legal y gubernamental.

Lo más grave es que no son casos aislados, es una problemática que afecta a miles de personas en este país y que, a largo plazo, traerá consecuencias sociales trágicas. Polarización social, huérfanos y familias destrozadas son saldos de la guerra. Y esas víctimas ¿a quién le importan?



Amanda García

Lic. en Derecho

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