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21Enero2018

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Mejor cuidémoslo entero...

¿El desierto? ¿Es cierto o no es cierto que tiene vida? Creo que es el mejor de los ecosistemas que hay en el mundo, y nuestro desierto chihuahuense, hace que Coahuila, sea incomparable en muchos aspectos. Biodiversidad, riqueza paisajística, paleontología, cultura, misticismo, un sin número de sitios que visitar y un montón de actividades qué hacer, para todas las edades y gustos, pero sobre todo espiritualidad desbordante.

Esto suele pasar, cuando te alejas de la ciudad, de los claxon, de la rutina y te permites solo un instante estar en paz con la naturaleza, contigo. Te tiendes en el piso erosionado ya por los años y los diferentes usos, y como un aura (Cathartes aura) te cargas de energía, de libertad y de armonía.

Por ejemplo: Puedes alejarte unos minutos o hasta días de tu silla de oficina y cambiar tu pc por paisajes, cambiar los pasillos por veredas, la charla con los compañeros de trabajo por el canto de las aves y los veinte minutos para tomar alimento por el olor a tierra mojada y aire fresco.

He estado sentada, en silencio, escuchando el murmullo del viento sobre el agua, el resplandor de la luna en el paisaje y los sonidos de todo tratando de formar una estructura musical. He repetido este ejercicio en cada sitio al que he visitado, presas, pozas, pastizales, cultivos, cerros, cascadas, ríos, sierras y Lakmé siempre suena diferente.

Uno siente que se adueña de este desierto y lo adopta como suyo, cuando los rayos del sol pasan por la cara tal como el brillo que se crea en los cardos o cuando se ve a lo lejos que un anacahuita o un huizache sirve de hotel a un buen número de mariposas monarcas.

Qué mejor razón, a parte de muchas otras, que sentir la suave piel de una salamanquesa, la pose de un perrito llanero, el comportamiento del gorrión de worthen, el ir y venir de la tortuga del desierto y el fabuloso colorido de las aves acuáticas migratorias. Lo importante es conocer el desierto y sus habitantes y aprender a convivir con ellos, de lo contrario no tendremos ya qué conservar.

Mónica Ileana Silva Dávila



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