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12Diciembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Soliloquio

Por razones de trabajo visite por dos días, esta semana, la hermosa tierra de Ocampo Coahuila, el Municipio más grande, territorialmente, del Estado. Fuimos a varios Ranchos y cruzamos territorio de varios Ejidos, en todos los casos (en las pequeñas propiedades y en las aéreas ejidales) hay hambre y sed…todo se muere ante los ojos indolentes de las autoridades.

Muchos miles de millones anunció recientemente el Presidente que se destinaban al campo para remediar los estragos de la sequía, sobre todo en el norte del país. Sendos programas operados por las dependencias federales paleaban las carencias del campo norteño, agravadas por la falta total de lluvia por tantos meses consecutivos. Alguien engañó al Presidente o ¡él nos engaña a nosotros!

Ocampo tierra serrana del desierto coahuilense vive de la ganadería eminentemente; hay también explotaciones de recursos mineros; atraviesa sus terrenos el bordo que conduce los tubos magnos que bombean y rebombean los lodos del fierro que AHMSA extrae del subsuelo y lleva hasta Monclova, para acrecentar su riqueza. Poco hace esta rica empresa por esta pobre Región, pero si daña su entorno y erosiona con sus obras de producción ferrosa.

Hay algo de agricultura, especialmente pasturera, y siembra de especies nativas para reforestar la zona, como lechuguilla, nopal y candelilla. La vida y el terreno son agrestes, no hay ni tienditas de abarrotes en muchos kilómetros. El calor es mortal, supera los cincuenta grados y esto al inicio de la primavera.

El agua es escasa en la zona, los papalotes de manufactura menonita, extraen el vital líquido del subsuelo, motivados por el aire que mueve sus aspas. Al llegar el verano el aire cesará y quién quiera dar agua a la gente o a los animales, habrá de pagar combustibles que suplan la fuerza motriz del viento. No hay dinero para alimentos menos habrá para combustibles.

El diesel, el gas, la gasolina, estos combustibles elementales, suben de precio de tiempo en tiempo, en pactos financieros de “traición social”, imposibilitando a la gente del campo de  un progreso mínimo reducido a la subsistencia. El Gobierno en alianza perversa con la naturaleza, matan de hambre y sed a su pueblo campirano.

¡Acabaremos con la pobreza! Prometieron en campaña estos políticos visionarios, pero no dijeron como: muriendo el ganado, feneciendo la fauna y la flora, no habiendo  campesinos vivos, así también se acabaría la pobreza. No hay pobres no hay pobreza.

Muchas vacas muertas enmarcan el camino entre rancho y rancho, entre ejido y ejido; vestías (caballos, potrillos y hasta yeguas) tiradas al pie de los tanques, de los abrevaderos, en su mayoría secos y reventados por el calor y la sequía prolongados. Nunca antes, en mis 51 años de edad, nunca en mis innumerables recorridos por esa Región vi venados y fauna muerta de hambre y sed. El panorama fue espantoso, será peor.

La gente del campo, los ejidatarios se van de el lugar a buscar otros horizontes, dejan sus casas, dejan sus terrenos, abandonan a sus pocos animalitos medio vivos, olvidan su medio tradicional de subsistencia. Sí, suena a novela mi relato, pero hago esta denuncia pública como aportación  mínima a esta causa de humanidad.

La gente de Ocampo tiene hambre, la gente de Ocampo ve morir el campo y el ganado. Se anuncia que la sequía durará por dos años más, hay ranchos que han perdido ya el cincuenta por ciento de su ganado, su fauna y flora también se pierden. Muchos, en el verano que está a la puerta, acabarán con el ganado que les queda, vendiéndolo a precio de nada (al kilo) o muerto de sed.

La famosa Laguna de La Leche, aquella que hasta hace dos o tres años te remontaba a escenarios europeos, hoy está totalmente seca. Cruzamos su espejo, solo que ahora es de un polvo lechoso, sin agua. Nos topamos ahí, en ese sitio emblemático, con “ganaderos de oportunidad” que compraban las vacas flacas (a precio de nada) para engordarlas en pastas llovidas, más al norte,  del desierto de Chihuahua.

Está claro que la responsabilidad del campo es tripartita, de los tres niveles de gobierno: Federal, Estatal y Municipal. Me he referido solo al Gobierno Federal por el anuncio insensible y hasta electorero de la danza de los millones en apoyo a la sequía y al rescate del campo, que no se ven por ningún lado.

Se reunió recién, el Gobernador Rubén Moreira, con la Unión Ganadera Regional en Piedras Negras, ahí ofreció apoyar al sector en esta etapa de sequía. Informaron de algunos apoyos como entrega de sementales y otros, pero quizás y solo quizás, sería oportuno apoyos específicos de suplementos alimenticios para el ganado y para las familias campesinas, apoyos para el agua que hace falta a la gente y a los animales.

La majestuosa Sierra De La Madera enmarca todo el entorno cuando viajas de Cuatrocienegas a Ocampo, verla es todo un espectáculo. En este viaje el espectáculo se ensombreció por un gran incendio a la altura del Ejido San Vicente, parecía descontrolado. El periódico Zócalo  decía que CONAFOR había contratado un “helicóptero bombero”, no nos tocó verlo ni de ida ni en el  regreso.

Las empresas que hacen negocios lícitos en la Región y que por sus trabajos dañan el entorno, tienen también un rol preponderante en la solidaridad con la zona, habrían de ser convocadas por la autoridad para contribuir en este Programa de Rescate que urge a los pobladores y a los productores rurales del Desierto Coahuilense. Ahí está, a guisa de ejemplo, BOOSTER estación de rebombeo de AHSA, que es un oasis en el desierto.

Le hable a una periodista destacada y sensible quién además me dispensa su amistad, a mi regreso de ese viaje a Ocampo. Le platique lo que vi y lo que viví, pero no atraje su atención al tema, me declaro culpable de mi poca fuerza de convencimiento y de alarma, yo también estoy fallándole a mis paisanos.

¡Ocampo arde de hambre y sed! luego no nos alarmemos que nuestra gente abandona sus pueblos y se va de mojado, luego no nos alarmemos que nuestra gente toma caminos equivocados, aquellos del dinero fácil que ofrece la delincuencia. Luego no nos alarmemos que el campo se muere, que la gente se recarga en las urbes y mendiga los favores del Gobierno.

¡Ocampo arde de  hambre y sed! Luego no nos alarmemos que hay desbasto de granos, de carne y de productos agrícolas o que se encarecen, acaparados por los vivales. Luego no nos rasguemos las vestiduras por los indios, por los campesinos o los jóvenes que se suicidan o se despeñan, en un  acto de dignidad o de desesperación.



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