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19Noviembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

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El Liderazgo Político que se Necesita

El proceso electoral en curso constituye una gran oportunidad para el debate político, como un  ejercicio que coloque el futuro del país y  las aspiraciones de los mexicanos, en el centro de una  agenda con la cual se comprometan todos los candidatos que participan en esta contienda.

Es también un momento propicio para discutir  sobre el tipo de líderes políticos que  demanda esta etapa de la historia de nuestro país.

El liderazgo político ha sido desde siempre un concepto que suscita todo tipo de reflexiones, desde algunas de carácter propiamente filosófico que abordan su  sentido ético y trascendencia, hasta definiciones estrictamente pragmáticas  que anteponen la eficacia como el fin supremo de su quehacer.

La evolución política de México en el siglo pasado y los pobres resultados de  los gobiernos de la  alternancia en los últimos años, han generado una gran insatisfacción con la clase política en su conjunto y  con los propósitos no explícitos que orientan su  liderazgo, generalmente asociados al cálculo  electoral que permite favorecer a sus  partidos y a la gestión de intereses  particulares. Por esta razón, las instituciones del gobierno y los partidos políticos son igualmente  objeto de duda y de desconfianza.

La verdad es que, entre la mayor parte de la población, prevalece el escepticismo hacia lo político. Por experiencia, se le relaciona con situaciones de corrupción, abuso de autoridad, ineficiencia, incumplimiento, frivolidad, opacidad e incompetencia, entre muchas otras percepciones negativas.

Aunque esto,        que puede suceder en la mayoría de los países, lo cierto que el tipo de liderazgo político que ha prevalecido en México sufre una seria crisis de credibilidad. El avance de la democracia y las  nuevas exigencias por parte de una sociedad cada día más informada, demandante y participativa, han hecho que las prácticas más comunes de los líderes  tradicionales queden obsoletas, sean  objeto de un profundo rechazo por parte de la ciudadanía  y, sobre todo, resulten ser ahora de una  enorme ineficacia. El tipo de  liderazgo tradicional, arraigado más o menos por igual en todos los partidos políticos, simplemente ya no sirve para enfrentar los retos cada vez más complejos de la crisis profunda que vivimos.

Urge un ejercicio serio de crítica y autocritica que, sin miramientos ni concesiones, sea capaz de develar con toda crudeza los graves defectos y desviaciones de las prácticas y motivaciones del actual liderazgo político, para proponer lo que debe ser un movimiento de renovación y la formación de nuevos cuadros políticos capaces de entender los retos y de impulsar los cambios que son necesarios en el país.

A pesar de todo, la política sigue siendo el gran instrumento para conducir los procesos sociales y darle rumbo y sustento al desarrollo de las naciones. Es la única vía para consolidar la democracia, alentar el crecimiento y generar oportunidades de bienestar para la mayoría de  la población; es la única alternativa para construir instituciones fuertes que, en un marco de participación ciudadana, garanticen la paz, la seguridad y la gobernabilidad.

Por ello, si queremos impulsar el cambio y la modernización de México, la primera gran tarea es renovar nuestros liderazgos políticos.

Ya no caben los estilos autoritarios, voluntaristas y  sin límites a las decisiones discrecionales de gobierno que dominaron ciertas etapas de nuestra vida política de partido único y que, paradójicamente, en este último gobierno panista se han reeditado  de manera verdaderamente intensa y refinada, aunque con una muy dudosa eficacia.

Tampoco son ya concebibles los liderazgos cuyo único afán es el enriquecimiento ilícito mediante la desviación de los recursos del erario público y que además quienes lo ejercen carecen de una verdadera vocación política y de servicio. Igualmente, es inaceptable ya la improvisación, la falta de preparación y la ausencia de capacidades personales para ejercer el liderazgo con responsabilidad, sensibilidad y sentido de conciliación para lograr consensos en la pluralidad. La eficacia de un liderazgo debe fortalecer, no eludir, las practicas de la democracia.

El país necesita un liderazgo político en el que pueda tener confianza. Que genere certezas; claridad en el rumbo, orden y procesos de cambio responsable. No más aventuras personales que amenacen la seguridad de los mexicanos y nos dividan; no más afanes partidistas que se coloquen por encima de la gobernabilidad y de la posibilidad de mejorar la calidad de nuestro desarrollo.

Los mexicanos debemos asumir como un gran desafío la renovación y cambio de los modelos de liderazgo político que hasta hoy han dominado la actividad política y el gobierno. No es una responsabilidad exclusiva de los políticos y de los partidos, la sociedad y la ciudadanía organizada debe participar y hacer el contrapeso necesario para garantizar que se cumplan eficazmente los programas de gobierno, en el marco de la transparencia y la rendición de cuentas a que obliga la ley.

¿Cuáles son las características de los líderes políticos que México necesita para fortalecer su  desarrollo y su democracia? Pregunté en Facebook y en Twitter. Las respuestas son muy interesantes. Lo comentaremos en El liderazgo político que se necesita II el próximo lunes.

http://oscarpimentel.mx/

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@oscarpime


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