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19Noviembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

El 18 de abril el resultado de la encuesta de GEO/ISA muestra que Enrique Peña Nieto subió 2.5 puntos en relación con el dato anterior. Cuando un puntero se ha mantenido con un muy buen margen durante un largo periodo, lo lógico es que los que van atrás suban y el puntero baje.

Este es un caso atípico, Josefina bajó 3.4 puntos y Andrés Manuel subió un 0.7 y Gabriel Quadri también aumentó un 0.2. Enrique Peña Nieto alcanzó un 55 por ciento de las preferencias y Vázquez Mota 23.9. Una diferencia de más de 30 puntos. Escuché de parte de diferentes amigos la pregunta ¿por qué Peña Nieto todavía sube y Josefina baja? La explicación tiene varias aristas.

Desde mediados del siglo 20, la relación entre el régimen político y la prosperidad material de los ciudadanos ha constituido uno de los temas centrales de la ciencia política. Hoy, la hipótesis original que establecía que la democracia favorece la expansión económica, ha sido sacudida por una pregunta más compleja sobre la relación que existe entre el desempeño económico de un gobierno y su supervivencia institucional en el mediano y largo plazos; es decir, el vínculo entre crecimiento económico y estabilidad política. El desempeño de Calderón ha sido desastroso y ahora lo está pagando su partido y sus candidatos.

Sobre este tema, hace unos años, cuando Vicente Fox estaba en el poder, Adam Przeworski y Fernando Limongi, entre otros autores, publicaron lo que muchos han considerado el estudio “definitivo” sobre estabilidad política y el “performance” económico. Sus hallazgos son muy interesantes. Con base en una muestra de 40 países durante 50 años, los citados académicos encuentran, entre otros puntos, que cuando una democracia enfrenta un crecimiento económico “lento” (establecido por los autores como menos de 5 por ciento del PIB), esta clase de regímenes se colapsan.

En contraste, cuando el crecimiento es superior al 5 por ciento, dicha posibilidad de crisis política desciende. De especial interés resulta el hallazgo sobre mínimas probabilidades de colapso institucional, 1 en 135, cuando una democracia crece permanentemente durante tres años consecutivos. Del mismo modo, cuando una democracia deja de crecer durante dos años sucesivos (con el PAN de Calderón México lleva ya casi 6 años), las probabilidades de crisis alcanzan una alarmante tasa de 1 en 13. Este es el caso de México en general, y los autores concluyen que la mayoría de los colapsos políticos de regímenes democráticos (28 de 39 casos) fueron acompañados por caídas en los indicadores de ingreso económico durante los dos años previos.

Así, es claro que la mayor amenaza para la transición democrática es una crisis económica prolongada, más de tres años en la mayoría de los casos, pero en circunstancias especiales incluso la caída de los indicadores de ingreso individual por dos años consecuentes. Traduciendo literalmente a los autores, en años de estancamiento económico “una democracia que no puede satisfacer las demandas populares creadas se vuelve vulnerable a las fuerzas políticas que prometen poner orden”.

Los anteriores resultados, son una importante contribución al estudio de las transiciones democráticas y, obviamente, son elementos que deben enriquecer, sin sentido catastrófico alguno, la discusión sobre el proceso electoral que hoy vivimos en México.

El candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, presentó diferentes indicadores para demostrar el mal gobierno del PAN: 1). Poco crecimiento económico, 2). No generación de buenos empleos, 3). Salarios que no alcanzan, 4). Altos niveles de pobreza y 5). Inseguridad y miedo en el País. Estos indicadores hablan por sí solos de la incapacidad del Gobierno panista para sacar adelante a la nación.

Ante ésta situación tan alarmante, México está obligado a retomar el camino del crecimiento y el rumbo que nos posicione como un país que va adelante en América Latina. Hasta ahora las encuestas muestran la preferencia por Enrique Peña Nieto. Si a la deplorable situación económica, le agregamos la zozobra de salir a la calle, la perspectiva de Josefina Vázquez Mota, con los errores que día a día comete la propia candidata, su equipo de campaña y su partido, no es nada positiva. Y si a esto le sumamos las intromisiones de Felipe Calderón en la campaña panista, el escenario para el PAN es todavía más difícil.

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