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Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

FECHA por 

Crisis del agua, fracaso de la politica

Oscar Pimentel González

Desabasto, contaminación, desperdicio, conflicto social e ingobernabilidad, son algunos de los rasgos que ya definen la crisis del agua que vive el país y el mundo. Esto es resultado de la falta de planeación responsable y de la incapacidad de las instituciones para dar al tema del agua la prioridad que merece y para organizar sistemas de gestión eficientes con los cuales garantizar la sustentabilidad en el largo plazo.

No podrá existir una solución al problema de la escasez, la sobreexplotación y el suministro de agua a la población, sin una clara determinación para impulsar profundas reformas institucionales que permitan rescatar el tema del agua del uso político y clientelar, así como evitar que prevalezcan la corrupción, el influyentismo y la ineficiencia.

La crisis del agua no es algo que probablemente ocurra, es un problema de la mayor gravedad que ya está sucediendo. En el mundo existen 1,100 millones de personas que no tiene acceso al agua potable y la contaminación de los afluentes superficiales y subterráneos, propicia que cada día mueran 3,900 niñas y niños en el planeta a causa de enfermedades curables transmitidas por el agua. En México existen 12 millones de personas sin acceso al agua potable y 24 millones carecen de drenaje sanitario, lo cual significa un gran problema de salud pública y de calidad de vida.

Lo más lamentable es que vivimos ya un proceso de sobreexplotación de las cuencas hidrológicas y de nuestros acuíferos y no existen,a la fecha, políticas públicas adecuadas ni instituciones que puedan garantizar acciones efectivas para detener y revertir esta situación. De los 653 acuíferos que existen en el país en 1975 se encontraban 32 en condición de sobreexplotación ; en 1980 la cifra se incrementó a 80; y, en 2009 eran ya 100 los acuíferos sobreexplotados. De estos acuíferos se extrae el 60% del agua que se dispone para todos los usos.

La escasez natural de agua en la mayor parte del territorio, la sobreexplotación y el efecto de las megatendencias asociadas al cambio climático, van a representar problemas muy graves en futuro para el desarrollo del país. Más aun con las proyecciones que señalan que de 2007 a 2030 la población de México crecerá en 14.9 millones de habitantes y que casi el 60% de la población residirá en 36 núcleos urbanos con más de 500 mil habitantes. La población urbana representará 82% del total. El cómo garantizar agua en la cantidad y calidad necesarias para estas metrópolis, y para todo el país, es un problema que al día de hoy no está resuelto. La incertidumbre acecha el futuro.

La crisis actual del agua es una expresión del enorme fracaso que ha tenido la política en nuestro país para ofrecer soluciones concretas, eficientes y duraderas a los problemas de nuestro desarrollo. El predominio de los intereses particulares sobre el interés colectivo ha sido abrumador. Desde los grandes proyectos hasta las modestas administraciones de los organismos municipales han estado determinados por la discrecionalidad, la opacidad y la conveniencia política, y lejos de los intereses auténticos de los ciudadanos y de una visión responsable del futuro.

El haber hecho del agua un artículo de intercambio político y objeto principal de las políticas de carácter populista, es un error que tiene hoy un altísimo costo para el país. Nada será más difícil que revertir las conductas de irresponsabilidad en el aprovechamiento y consumo del agua, detener la contaminación y crear una nueva conciencia ciudadana que reconozca que el agua es un bien económico y un factor vital de nuestra vida comunitaria.

Por estas razones debemos repensar el problema del agua. ¿Cómo crear instituciones para que prevalezca siempre el interés colectivo, la transparencia, las soluciones técnicas más adecuadas, la eficiencia y la   rendición de cuentas en la gestión de los asuntos del agua? ¿Cómo superar los prejuicios ideológicos que todavía consideran que toda solución debe provenir de una mayor presencia del estado y del gobierno en la administración de los a asuntos comunitarios, e invalidan las valiosas contribuciones de la participación ciudadana y de la inversión privada? ¿Cómo alentar que eche raíces una nueva cultura ciudadana del agua para el consumo responsable y el cuidado del medio ambiente, a la par de nuevas formas de intervención del gobierno en la solución de estos problemas?

Finalmente, debe quedar claro que atender la crisis del agua es insoslayable. Ya está demostrado el fracaso de las instituciones y de las prácticas que propiciaron la corrupción, la ineficiencia y la sobreexplotación de nuestros recursos hídricos. Es el momento de discutir y de reinventar las soluciones que nos reclama el futuro.

http://oscarpimentel.mx/

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