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Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

SOLILOQUIO

Qué bueno que vino a México Benedicto XVI, que bien que aclaró desde el inicio “soy un peregrino de la paz, de la esperanza y de la caridad”. El fervor de la gente hizo el milagro: Llegó el Joseph Ratzinger, adusto, serio, regio, y se fue un Benedicto XVI sonriente, humanizado, conmovido. Los mexicanos hicimos la diferencia, la competencia subconsciente y subterránea con Juan Pablo II, dejó de ser.

Benedicto XVI en México luego de siete años de pontificado, luego de haber visitado Brasil y Estados Unidos, en ocasiones distintas. Su visita, aunque útil y pacificadora, costó en números redondos mil millones de pesos. Gasto muy excesivo sí, innecesariamente excesivo. Necesaria era, una visita más modesta, tan útil pero discreta ante la pobreza.

300,000 policías y soldados; tapetes, alfombras rojas y cientos de vehículos oficiales; aeronaves, cientos de cuartos de hotel, comilonas oficiales y extra oficiales; regalos, publicidad comprada, aparato de prensa oficial; ayudantes y funcionarios de a montón; vinos finos, el ron oficial y “el tequila del patrón”; templetes, pantallas, sonidos, sillerías, decoraciones y toda la parafernalia de elite, propia de la atención a Reyes…

Prefiero (si pudiera escoger, ni uno ni otro) este tipo de derroche que el de la Estela de Luz, que ha sido monumento a la corrupción, que es ominosa e inútil. Este ejercicio Papal, solo fue ominoso. Con estos dos mil millones bien podría palearse el rezago de servicios educativos y de salud de un pueblo ávido de paz y justicia, sumido en la pobreza extrema.

El Papa dejó claro que venía a fortalecer a su grey católica en su fe, pero también que era emisario de la paz, de la esperanza y que tenía como misión sanar a un pueblo herido… (por las balas, la delincuencia y la soberbia del Gobierno).

Demostró el Pontífice que es un hombre muy valiente, no lo digo solo por bajar el vidrio del Papamóvil o por saludar a la gente en la calle, sino por haber tenido el “santo atrevimiento” de volar en los helicópteros del Gobierno Mexicano.

Un Presidente regodeado por el éxito de los eventos pre planeados; con andar patizambo, medio jorobado, regordete y con una casi imperceptible cojera del pie derecho (secuela de las caídas, de la bicicleta). Los discursos Calderónicos: sobrios, halagadores al visitante y justifica torios al trabajo del Gobierno.

Al hablar de la inseguridad se dramatizó “al pobre pueblo oprimido por el mal” (¿el mal de los malos o el mal Gobierno?), con términos teatrales como “descarnada realidad”. Nunca se habló de la guerra, de los muertos, de los efectos colaterales ni mucho menos del agravio del pueblo por los efectos del combate frontal unilateral, transcurrido por más de cinco años, sin éxito presente.

Una primera dama vestida siempre con traje sastre, de color diferente cada día (sacrificando femineidad pero ganando sobriedad); siempre nuevos, pero cuidando que no se le comparara con Martita por sus vestidos caros y de sastre, igual que éstos pagados con la “caja Chica” de la Presidencia. En público, habló más con el Papa que el propio Presidente, a quién lo “animaba” con ademanes, cuando se rezagaba del Pontífice.

Calderón en su mensaje de despedida al Papa, le dijo que estaba de acuerdo con el Pontífice en que los jóvenes no deben buscar una vida superflua, vida del dinero fácil…pero cuando el Pontífice hablo del dinero como prioridad de vida y al dinero fácil como tentación a la mano, se refería a los adultos, y en especial a los políticos y a las aéreas de justicia del Gobierno.

El Gobernador Juan Manuel Oliva fue ajonjolí de todos los moles: estuvo en las bienvenidas, en las despedidas; en las serenatas y en las comilonas; en las entregas de llaves de municipios y en las caravanas, en fin beso anillos, dio abrazos y cargo pilas político electorales como si fuera él el Candidato a Gobernador y no solo el saliente anfitrión Si era guión: “México, Oliva siempre fiel”.

Por su parte Joseph Ratzinger hablo entre renglones, siempre entrecortado y cansado, pero puntual: habló de la injusticia, del hambre, de la violencia y de sus efectos en el pueblo. Hablo de curar heridas, de renovar la fe y la esperanza. Fue claro en que vivir con el dinero como valor supremo es razón de la injusticia y las desigualdades.

El Obispo de León José Guadalupe Martín Rábago fue a fondo, esto no fue casual, ya que en Cuba durante la homilía se repitió la jugada: El Obispo critica duro y el Papa contesta suave y cifrado.

Martín Rábago en la magna misa del Estadio Bicentenario, dirigiéndose a Benedicto XVI, dijo: “Usted llega a nuestra patria mexicana en momentos en que oramos constantemente, hemos vivido en estos últimos años, acontecimientos de violencia y muerte que han generado una penosa sensación de temor, impotencia y duelo”.

Ya entrado en gastos y cansado del exhausto “triduo electorero,” Calderón vacacionó en San Miguel Allende, ya despedido el avión de ALITALIA (Mexicana no vuela) que llevaba al Papa a Cuba,…pa´ rematar el “mil millonario gasto” de la visita pontificia.

“Triduo electorero”… Mil millones para hacer propaganda, para fortalecer la imagen presidencial tan a la debacle, tan a la deriva, tan a su salida.

“Triduo electorero”…, tres días de mensajes de paz, tres días de sobar el dolor del pueblo sin compromisos de componer las cosas. Tres días de devoción electoral.

Triduo electorero…, en eso terminó.


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