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17Diciembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Dogma de Fe

Alan Riding es un periodista nacido en Brasil pero de padres británicos, que durante muchos años ha sido corresponsal del influyente diario The New York Times. En algún tiempo, Riding cubrió temas para Latinoamérica desde su jefatura del periódico en México. En su faceta de escritor, Riding es autor de varias obras en las que destaca “Vecinos Distantes: Un retrato de los mexicanos”. Este libro convertido en un “Best Seller” de más de medio millón de copias vendidas, expone la extraordinaria visión de un extranjero acerca de los problemas nacionales y nuestra singular idiosincrasia. De acuerdo al propio escritor, el libro intenta hacer a México un poco más entendible para los Estados Unidos, esfuerzo que le valió ser condecorado en el 2003 con la Orden del Águila Azteca.

La semana pasada se anunció con gran pompa el “Acuerdo entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América relativo a los Yacimientos Transfronterizos de Hidrocarburos en el Golfo de México”. Este pacto, tiene como “propósito” dice el comunicado oficial, permitir la exploración y explotación segura, eficiente, equitativa y ambientalmente responsable de los yacimientos de gas y petróleo que ambos países compartimos.

 

El documento establece el compromiso de compartir información de los yacimientos que se descubran en la zona de tierra y mar que comparten los dos países. Según el director de PEMEX, este pacto de caballeros, operará en la práctica para que el país que tenga la mayor reserva de hidrocarburos, sea el encargado de explotarlos y el otro país recibirá la parte proporcional que le corresponda por el yacimiento. Las investigaciones se realizarían en forma conjunta entre ambos. De acuerdo a las declaraciones oficiales, este trato "Da tranquilidad de que nos va a tocar lo que nos corresponde a cada uno".

 

Hasta ahí todo parecería bien pues con este acuerdo de larguísimo nombre, se estaría evitando el temor fundado de que el petróleo mexicano sea extraído por compañías petroleras norteamericanas a través del efecto popote. Pero esta desconfianza tiene como base la historia común entre México y los Estados Unidos en la cual no hemos salido muy bien librados. La pérdida de la mitad del territorio mexicano a través del Tratado Guadalupe-Hidalgo es un ejemplo de ello.

 

 

 

 

 

 

 

Y es que el acuerdo, de carácter voluntario expone a PEMEX y sus contrapartes, las compañías petroleras privadas como Exxon y Chevron a que en caso de no llegar a un arreglo de cómo y cuando realizar estas exploraciones, que en el papel deberían de ser en conjunto, el trato podrá darse por terminado y cada una por su parte realizar sus propios trabajos, lo cual nos deja en tremenda desventaja pues las grandes compañías petroleras que invierten en innovación y tecnología, y no tienen las cargas impositivas que tiene PEMEX, tienen las mejores posibilidades. México no tiene ni la experiencia ni la tecnología suficiente para estar en similares condiciones para desarrollar este proyecto. Se trata pues de un trato igual entre desiguales, que en la práctica siempre generará una desigualdad. El pez grande siempre se come al chico.

 

Por otra parte y de acuerdo a algunos especialistas, el proceso de resolución de las controversias entre compañías es un tema preocupante, pues en este momento, el gobierno de EUA, no puede inmiscuirse en la operación de las compañías petroleras, lo que si ocurre en México con PEMEX. Al final de cuentas, a quien le beneficia la explotación mancomunada en aguas profundas es a quien tiene la tecnología.

 

Alan Riding pone el dedo en la llaga sobre la difícil relación que históricamente hemos tenido México y los Estados Unidos. Existe una desconfianza natural aderezada por la poca tolerancia que los norteamericanos han demostrado para tratar de entender a su “Vecino Distante”. Lo que si existe es una gran tolerancia para la explotación, en especial si de recursos naturales se trata, por lo que en todo caso, habría que aprender de la sabiduría popular que nos dice en el caso de ciertos tratos, “Hay quién quiere llevar el agua (o petróleo) a su molino…y dejar en seco el de su vecino”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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