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22Marzo2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Primer Aniversario de Nuestra Revista.

Luis García Abusaíd (20 febrero, 2012)

Celebro y agradezco la bonhomía de esta invitación, por parte de Pepe Vega, nuestro director de la Nuestra Revista, para compartir con ustedes algunas reflexiones sobre este primer aniversario de la misma. Le insistí a Pepe, más de una vez, que no era el indicado, al compartir esta palestra virtual con editorialistas de la talla y tradición, de Carolina Viggiano Austria, Rubén Aguilar Valenzuela, Salvador Hernández Vélez, Oscar Pimentel González, Rogelio Montemayor Seguy, Marcos Durán Flores, Victor Samuel Peña, José María González Lara y Luis Efrén Ríos Vega. O inclusive, podría haber estado aquí, en mi lugar, alguno de los jóvenes valores del periodismo editorial que empiezan a descollar en Nuestra Revista y en periódicos locales. Empero, mi buen Pepe insistió, hasta que accedí, con la esperanza de que estas reflexiones sirvan para repensar este aniversario, y alumbrar su futuro próximo.

Una primera reflexión me llevará a preguntarnos sobre lo qué escribimos, el modelo de realidad en el cual lo hacemos, y el compromiso ético que se desprende de ello. La segunda, borda una propuesta sobre periodismo editorial acorde a ese modelo de realidad en el cual estamos inscritos. La reflexión final toca directamente la experiencia, a mi parecer, importante, de Nuestra Revista, para estimular el oficio artesanal del periodismo editorial, entre militantes priístas y no priístas.

Estas reflexiones poseen un hilo conductor, que a mi parecer retrata la esencia del periodista editorial por antonomasia: Ser rebelde, tener avidez mística y poseer un heroísmo a toda prueba[1]. Estas características personales abonan, en el sentido más amplio, y nunca de manera mecánica o lineal; la posible construcción de lo que Anthony Giddens definió como la tercer vía que habrá “de trascender tanto la socialdemocracia a la antigua como el neoliberalismo”[2]; e involucran, por necesidad, un doble trabajo en nuestro quehacer editorial; la ciudadanización de los partidos políticos para recuperar su representatividad social; y, el fortalecimiento de la organización y participación ciudadana –como un movimiento (o movimientos) independiente(s) de los partidos políticos.

Bajo esa premisa, el editorialista debe ser fiel a sí mismo en tres terrenos: Fiel a la palabra para que nunca pierda su sustancia y su valor; porque “lo que escribimos es lo que somos, y si no somos fiel a ella, no podemos ser fiel a quienes nos lean” [3]; fiel a la posibilidad de verdad y libertad inscritas en la misma; y fiel a nuestro lector, a estar por encima o por debajo de nuestro lector, Sólo anudadas, la premisa antes dicha y esta fidelidad tridimensional nos permitirán reclamar el derecho “a un mundo que no se parezca a ningún otro y en el cual pongamos nuestra palabra de pié para ayudar a crearlo” [4].

Ligado a la humildad y sencillez artesanal de un oficio, como el periodismo editorial, que nunca se termina de aprender; la consigna de la utopía debe ser clara y firme, para alumbrar, aunque sea a chispazos intermitentes, la hoguera de la esperanza que permita construir un mejor futuro para nuestro país y América Latina.

A vuela pluma tres grandes tendencias han iluminado el quehacer de Nuestra Revista en su primer año: La política en Coahuila, economía e innovación y competitividad. ¿Cuál, a mi parecer, es el modelo de realidad en el cual lo hacemos, y el compromiso ético que se desprende de ello?

Desde las entrañas del Imperio, “nos anunciaron (hace tiempo) que había llegado el fin de la historia --lo que también significa el fin de las utopías-- y nos vaticinaron una era de bonanza bajo el modelo triunfante del neoliberalismo. La mayoría de nuestros gobiernos democráticos han aceptado ese credo, con la certeza de que las miserias actuales afrontadas por los pueblos latinoamericanos serán compensadas por las abundancias del futuro. ‘Para que haya menos pobres es necesario que, antes, los ricos sean mucho más ricos’, afirma la doctrina neoliberal. Ese mandato de resignación se asemeja al de las religiones fatalistas: ‘Para entrar en el reino de los cielos es necesario ser antes humillado y ofendido’. Los vaticinios han sido errados, no porque nuestros pueblos sean impacientes o insensatos, sino porque la resignación termina donde empieza la voluntad de sobrevivir” [5].

Vivimos en un mundo en el cual, pretendemos, contra todo pronóstico, reescribir la historia y construir la utopía; sin embargo, este mundo, como lo subraya Eduardo Galeano, “nos ofrece el banquete a todos y cierra la puerta en las narices de tantos. Un mundo, que es a la vez igualador y desigual; igualador en las ideas y en las costumbres que impone, y desigual en las oportunidades que brinda” [6].

Porque recordémoslo, en este mundo, nuestro mundo, “mientras la publicidad manda consumir, la economía lo prohibe” [7]. En este mundo, nuestro mundo, “las órdenes de consumo, obligatorias para todos pero imposibles para la mayoría (cristalizadas en la publicidad), se traducen en invitaciones para el delito” [8]. Por ello, las secciones policíacas de nuestros periódicos enseñan más sobre las contradicciones de nuestro tiempo que las páginas de información política y económica.

En este mundo, nuestro mundo la maquinaria del consumo nos exige seguir a pie juntillas los valores de la cultura del consumo: Quien no tiene no es. Quien no tiene el artículo de moda o de marca, no existe. Quien no tiene solo simula existir. Hoy de una manera extrema, lo relevante es tener, y por ultimo, ser.

¿Qué pasa con los millones y millones de pobres mexicanos, 60 para ser exactos, que no accederán a esa cultura del consumo y padecerán desempleo o salarios de hambre? ¿Vivirán su pobreza con resignación cristiana o apelarán a medios ilícitos para sobrevivir en una sociedad que les niega el derecho a existir con la mínima dignidad y respeto a sus personas?

Esta profunda desigualdad estructural, que es común a nuestro país, a América Latina y a nuestro mundo global, adquiere ribetes apocalípticos en las palabras de James Wolfensohn, ex-director del Banco Mundial, cuando profetiza que “si las cosas siguen así, en treinta años más habrá cinco mil millones de pobres en el mundo, y la desigualdad estallará, como una bomba de relojería, en la cara de las próximas generaciones” [9].

¿Cuál es la alternativa ante esta situación? Acaso pintarrajear las bardas con cinismo y desesperanza para decir: “¡Combata el hambre y la pobreza! ¡Cómase un pobre!” [10].

Esta pobreza parida por la desigualdad estructural de nuestro mundo es agravada por los impactos de un cambio climático global que pone en los límites la sobrevivencia del género humano. ¿Qué hacer con la pobreza mientras el tic tac de la bomba de relojería del cambio climático llega a su clímax? ¿Cuál es nuestra tarea como artesanos de la palabra, como orfebres de la utopía, ante la pobreza, la escasez de agua y de alimentos, la migración forzada de millones de personas, y los episodios climáticos extremos? Ya no digamos, para el caso de nuestro país, en el cual tenemos la exigencia de sugerir pistas reflexivas para asegurar una transición a la democracia amarrada a una visión estratégica integral de combate al narcotráfico y al crimen organizado; esto, para evitar regresiones autoritario-fascistas exentas de una defensa irrestricta de nuestros derechos humanos fundamentales bajo cualquier signo ideológico o partidista. Dar las mejores respuestas posibles a estas preguntas, es el reto de nuestras generaciones; y de manera particular, de los que ejercemos el oficio del periodismo editorial, con un compromiso ético irrenunciable que se expresa de la siguiente manera:

“…no somos agentes pasivos que observamos la realidad y la comunicamos; no somos una mera polea de transmisión entre las fuentes y el lector sino, ante todo, una voz a través de la cual se puede pensar la realidad, reconocer las emociones y las tensiones secretas de la realidad, entender el por qué y el para qué y el cómo de las cosas con el deslumbramiento de quien las está viendo por primera vez. Nosotros creemos en tener el coraje y el valor para hablarle de tu por tu al poder en todas sus manifestaciones asfixiante, en una fidelidad estrecha con el lector, porque si no sabemos como es ese lector, ¿de qué manera podremos responder a sus preguntas?; en una fidelidad con nuestra conciencia y con la verdad” [11]. O dicho en otras palabras, a la verosimilitud de verdad que es asunto de los seres humanos, no la verdad absoluta que es monopolio de Dios, como lo asegura el periodista uruguayo Carlos Quijano. Porque en nuestro oficio, no existen las verdades absolutas. “La llama sagrada de nuestro quehacer es la duda, la verificación de datos, de la interrogación constante. Allí donde los documentos parecen instalar una certeza, el periodismo instala siempre una pregunta. Preguntar, indagar, conocer, dudar, confirmar cien veces antes de informar: esos son los verbos capitales de la profesión más arriesgada y más apasionante del mundo” [12]. Nosotros creemos finalmente, en que el oficio del editorialista “es un instrumento para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta…por ello no creemos en el fin de la historia; reiteramos nuestra fe en ella, e imaginamos el futuro como una incesante utopía…” [13].

 

¿Cuál es el tipo de periodismo editorial que requiere nuestra sociedad en estos tiempos de crisis? ¿Uno basado en la denuncia que roza el escándalo amarillista, ú otro sustentado en la investigación de soluciones?

Mientras el primero se monta en la denuncia, como un fin en sí mismo, y genera “un espíritu de paralización de la capacidad humana de responder a los desafíos para la construcción de un mundo donde deseamos, todos, vivir en igualdad de oportunidades y derechos”; el segundo, busca reinventar “la capacidad de comunicación y de la información en cuanto fuerzas movilizadoras de cambios” [14]

Ciertamente, uno profundiza la actitud crítica del lector, pero también su miedo, desconfianza y falta de corresponsabilidad social; el otro, sin negar esa dimensión crítica, abre espacios de esperanza que fortificarían el valor, la confianza y la capacidad del lector para involucrarse de manera corresponsable y participativa en los asuntos de su comunidad.

No se propone un periodismo editorial blandengue, que justifique y legitime, o, en el peor de los casos, haga el trabajo de los poderes establecidos, en el ámbito de la política o de la economía. Por el contrario, se busca que éste movilice las conciencias de sus lectores más allá de la mera denuncia, que ocurre de por sí, en un contexto desesperanzador; para crear en ellos, de manera paulatina, alternativas de involucramiento y de responsabilidad social.

No se sugiere tampoco un periodismo editorial “color de rosa” que se restringa a informar sobre las buenas acciones gubernamentales o de los ricos del pueblo para no deprimir las buenas conciencias de la localidad. Mucho menos se plantea un periodismo mesiánico que asuma tener la verdad de los problemas que enfrenta su lector, para derramársela sobre su inclinada testa cada mañana.

Un periodismo responsable no puede soslayar la crisis estructural que vive nuestro país, la crisis de nuestras instituciones –políticas, económicas, educativas, educativas y religiosas-, y las fallas de calidad en los servicios públicos. Empero, la alternativa es quedarse en la pura denuncia o avanzar hacia la investigación de soluciones.

El desarrollo de esta investigación de soluciones permite que “el editorialista no sea sólo receptor de denuncias sino también vehículo mediador de las prácticas y las reflexiones que la misma sociedad aporta para la promoción de los cambios” [15].

Este cambio de cultura periodística exige que el tratamiento de los temas sociales “no sea sólo a través de la denuncia (imprescindible), sino también de la propuesta de soluciones y del diagnóstico de omisiones” [16].

Finalizo, con tres reflexiones sobre la relevancia del trabajo realizado por Nuestra Revista. Primero, ésta ha contribuido en este primer año de su existencia a detonar el talento editorial de muchísimas personas de distintas generaciones; este logro no tiene parangón en la historia virtual de periodismo en nuestro estado. Segundo, sus reflexiones han alimentado y enriquecido las inteligencias colectivas del PRI estatal y de no priístas, por igual. Y con ello, ha logrado definir una postura reflexiva –y diversa- ante distintos problemas nacionales y de nuestra entidad.

Y tercero, Nuestra Revista ha servido también como taller de periodismo editorial virtual para formar a personas, ávidas y necesitadas de escribir y presentar sus ideas en la palestra de la opinión pública. Varios de ellos, sin duda, lograrán forjar una carrera como editorialistas desde la trinchera del PRI Estatal o de la sociedad civil. Su consistencia, su inteligencia, su disciplina y su entrega tendrán, sin duda, un premio final.

Nuevos retos, ciertamente, esperan al equipo liderado por mi apreciado José Vega Bautista, y seguramente éste sabrá superarlos sin duda. Mis felicitaciones más gratas para Pepe, y a los integrantes de su equipo compuesto por Jorge Luis Núñez Aguirre, Juan Recio Martínez, Monika Zertuche y Javier Alejandro Mendoza Arce. ¡Qué éste sea el primer aniversario de muchos más! Y, espero de corazón, que todos los aquí presentes estemos cada año para celebrarlos.

Muchas gracias.

 

 

 

 

 

 



[1] En Defensa de la Utopía: Tomás Eloy Martínez. Discurso ofrecido en el Taller-Seminario Situaciones de crisis en medios impresos, dictado en Santa Fe de Bogotá del 11 al 15 de marzo de 1996.

 

[2] La Ideología Socialdemócrata: Alejandro Chanona Burguete. Fundación por la Socialdemocracia de las Américas. 2007

[3] En Defensa de la Utopía: Tomás Eloy Martínez (paráfrasis).

[4] En Defensa de la Utopía: Tomás Eloy Martínez.

 

 

[5] En Defensa de la Utopía: Tomás Eloy Martínez.

[6] Patas Arriba: La Escuela del Mundo al Revés. Eduardo Galeano (1998)

[7] Patas Arriba: La Escuela del Mundo al Revés. Eduardo Galeano (1998)

[8] Patas Arriba: La Escuela del Mundo al Revés. Eduardo Galeano (1998)

[9] Patas Arriba: La Escuela del Mundo al Revés. Eduardo Galeano (1998)

[10] Grafitti tomado de un muro argentino.

[11] En Defensa de la Utopía: Tomás Eloy Martínez.

[12] En Defensa de la Utopía: Tomás Eloy Martínez.

[13] En Defensa de la Utopía: Tomás Eloy Martínez..

[14] Taller “Un Nuevo Periodismo para un Nuevo Orden Social”, impartido por la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano en Cartagena de Indias, Colombia, en junio de 2002

 

[15] “Un Nuevo Periodismo para un Nuevo Orden Social”.

 

[16] “Un Nuevo Periodismo para un Nuevo Orden Social”.

 

 



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