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22Marzo2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

 

Salvador Hernández Velez

La coalición Compromiso por México no fue una alianza completa. Se firmó entre el Partido Revolucionario Institucional, el Partido Verde Ecologista de México y el Partido Nueva Alianza el pasado 17 de noviembre por el entonces presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, Humberto Moreira Valdés.

No incluía en su totalidad a los candidatos al Senado, ni a los candidatos a Diputados federales. La coalición parcial comprendía al candidato presidencial, a Senadores por 10 estados, a Diputados en 125 Distritos federales: 23 candidaturas a Diputados y 4 fórmulas al Senado para Nueva Alianza (Panal); 30 y 5 al Verde Ecologista (PVEM); 72 y 11 para el tricolor.

Lo anterior conlleva que habrá cuatro candidaturas presidenciales: Peña Nieto por el tricolor; Andrés Manuel López Obrador, por el PRD; el que salga del PAN el próximo 5 de febrero, y el que elija el Panal. Es lógico que el Panal buscará hacer su trabajo proselitista, pues ahora tiene que asegurar el porcentaje mínimo para mantenerse como partido y contar con prerrogativas. La campaña hace seis años fue “uno de tres”. En unos días conoceremos sus nuevas estrategias electorales que impulsarán su cuerpo de operadores político-electorales de profesores.

Desde el anuncio de la coalición parcial el año pasado, en diferentes estados de la República las dirigencias priístas manifestaron su inconformidad en forma pública, entre ellos Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Puebla, Sinaloa y Distrito Federal. Incluso cuadros nacionales, como el excandidato presidencial Francisco Labastida, mostraron una oposición militante al acuerdo. El senador Manlio Fabio Beltrones y la diputada Beatriz Paredes de forma interna deben haber hecho lo propio para fijar su posición en relación a este asunto. En Puebla el Consejo Político Estatal solicitó, con base en un acuerdo formal al Consejo Político Nacional, anular dicho convenio.

Debemos reconocer que el acuerdo político fue diseñado con espíritu pragmático y con visión prospectiva, más allá de los intereses de grupos y particulares. Se percibía una coalición que respondía a una necesidad estratégica que privilegiaba el interés general del Revolucionario Institucional. Por otro lado, preveía riesgos en entidades y distritos “complicados”: los 125 Distritos definidos en el convenio de coalición están perdidos en las últimas elecciones para el tricolor. Las fórmulas propuestas al Senado corresponden a entidades gobernadas por panistas o perredistas. En cada uno de estos Distritos la historia electoral los ubica con una fuerza panista o perredista mayoritaria. La suma de las fuerzas integrantes de la coalición potenciaba la posibilidad de tejer redes más allá de los públicos afines al PRI.

Sin embargo, como bien reconoció don Jesús Reyes Heroles cuando estaba en la dirigencia nacional del PRI frente a su empeño para transformar el partido, reconocía una contradicción entre los sectores y las figuras relevantes nacionales con las estructuras geográficas, la cual se expresa en las coyunturas electorales: los primeros designan candidatos, y las segundas ganan elecciones. Ésta es una tarea pendiente de los partidos.

En consecuencia, la ruptura de la coalición obedece a los reacomodos en la cúpula y a la batalla interna por los espacios de poder y por las posiciones en las candidaturas. Producto de estos reacomodos, ahora en el CEN ocupa una cartera José Murat, exgobernador de Oaxaca, y en las candidaturas a los escaños del Senado figuran excandidatos a gobernador y exgobernadores, como el excandidato a gobernador de Puebla, Javier López Zavala; Patricio Martínez, de Chihuahua; René Juárez, de Guerrero; Félix González Canto, de Quintana Roo, e Ismael Hernández Deras, de Durango.

La realidad es bien terca, y podemos decir que ya pasó de la etapa política de la apuesta al marketing a los frentes de guerra reales, a las presiones de la política efectiva en los estados y en los sectores. Y como también sostenía Reyes Heroles: “…la terca y tozuda realidad se impone, las enconadas resistencias internas son más fuertes que la acción política y la palabra”. Los resultados electorales del próximo 1 de julio evidenciarán si la correlación de fuerzas políticas existentes que cambiaron la coalición decidieron bien el camino del regreso priísta a Los Pinos.

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