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12Diciembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Oscar Pimentel González

 

 

“Es mejor encender una vela

que maldecir la oscuridad”

 

Aún sin dar crédito a los vaticinios apocalípticos, el año de 2012 será un periodo verdaderamente difícil para México. Atravesaremos por una zona de turbulencia severa. Deterioro económico y desempleo, violencia e inseguridad, polarización política, crisis alimentaria, mayor pobreza y desigualdad, y creciente tensión en la relación con EUA por la cada vez más difícil situación migratoria, son algunos de los problemas que serán motivo de preocupación para millones de mexicanos.

 

Y no se trata de asumir un estado de ánimo proclive al pesimismo o que busque anticipar la fatalidad. Lo que se necesita es adoptar una visión realista e informada, y propugnar por la adopción de políticas públicas que permitan amortiguar los efectos de las condiciones adversas para colocar al país en la ruta correcta de su recuperación.

 

Después de varios meses en que las autoridades económicas se negaron a reconocer el riesgo inminente que alberga para nuestro país la crisis financiera europea y la muy posible desaceleración de la economía estadounidense en el próximo año, finalmente el director del Banco de México tuvo que aceptar que nuestros márgenes de maniobra se agotan: nuestros índices de crecimiento estimados para 2011 y 2012, de 3.5 o 4.0 % y de 3.5 o 4.5 % respectivamente, no alcanzarán a mitigar nuestros rezagos en materia de empleo y de pobreza.

 

El Banco Mundial acaba de señalar en uno de sus recientes informes que México es el único país latinoamericano donde en los últimos cinco años se redujo el Producto Interno Bruto por habitante. No obstante que en 2010 y 2011 hubo un moderado crecimiento, este no fue suficiente para disminuir la pobreza. El PIB por habitante se contrajo en 1.3% en 2011 en comparación con 2006, a diferencia de países como Brasil en donde creció en 14.8%, Argentina en 23.3% y Uruguay en 28%.

 

Las perspectivas no son nada alentadoras. El propio Banco Mundial anticipa lo que puede suceder el próximo año: " Una nueva desaceleración económica puede minar la disminución en la pobreza, incluso más de lo que hizo la crisis de 2009, dado que los mercados laborales se deterioran, en especial para los pobres, y también por el hecho de que los gobiernos enfrentan más restricciones fiscales que en 2009, lo que hace más difícil aumentar las transferencias compensatorias".

 

Ahora sí, después de que las autoridades financieras mexicanas habían proclamado la estabilidad macroeconómica como nuestra gran fortaleza para navegar en aguas turbulentas, se acepta que no es una condición suficiente para crecer y superar la crisis. Se reconoce también la necesidad de impulsar el mercado interno y completar un nuevo ciclo de reformas estructurales. Lamentablemente, es muy probable que los tiempos y las prioridades del gobierno ya no permitan en el corto plazo una reformulación de la estrategia económica.

 

La mayor incertidumbre que sufrimos los mexicanos se deriva, sin embargo, de la violencia criminal, de los procesos de descomposición social que ha generado la guerra contra el narcotráfico y del clima generalizado de inseguridad que ha obligado a cambiar nuestros modos de vida y que provoca un declive persistente de la actividad económica de las diversas regiones. Algunas fuentes no oficiales hablan ya de una cifra cercana a los 50 mil muertos al final del presente año, resultado de la estrategia del gobierno para combatir al crimen organizado. Lo más dramático es que las medidas para contener este gravísimo problema no parece que puedan tener efectos definitivos en un plazo inmediato.

 

Será necesario un proceso de reconstrucción de las capacidades institucionales del Estado para reformar el sistema de justicia penal y sanear los cuerpos policiacos, y lo más importante, será ineludible poner en marcha una vigorosa política social que haga posible recomponer la vida comunitaria y resolver los factores de desigualdad social que propician los fenómenos delictivos.

 

En este año los mexicanos elegiremos Presidente de la República y renovaremos el Congreso de la Unión, en una contienda electoral que desde ahora se vislumbra como una gran polarización política que pondrá a prueba la fortaleza de nuestras instituciones y nuestra capacidad para procesar estas decisiones en el marco jurídico que regula nuestra democracia. Preocupa desde ahora la obsesión del gobierno panista por mantenerse en el poder, y la posibilidad de que trate de lograrlo mediante una estrategia de criminalización de los partidos de oposición y el uso electoral de las instituciones de la justicia. Más allá de la inestabilidad política que se puede generar por un probable escenario de confrontación alentado desde el gobierno, puede crearse una situación de ingobernabilidad que agrave los ya de por sí críticos problemas económicos y de seguridad que ya vivimos en México.

 

La sequía, las inundaciones y las heladas del año que terminó afectaron al 70 % de la superficie cultivable del país. Esta situación se suma a la tendencia mundial de incremento de los precios de los alimentos, de tal manera que en 2012, según los expertos, se pueden presentar alzas en los precios de estos productos de hasta 100 a 150 %, lo cual podría generar una grave crisis alimentaria con el consecuente mayor deterioro de la calidad de vida de la población, especialmente de más de la mitad de los mexicanos que viven ya en condiciones de pobreza.

 

El veto del Ejecutivo Federal para que los estados afectados por la sequia ejerzan los 10 mil millones de pesos autorizados por el Congreso para atender este desastre natural, es una muestra de cómo los cálculos electorales pueden agravar la situación económica y social del país.

 

La baja en la actividad económica de Estados Unidos prevista para 2012, las leyes antimigrantes que se han expedido recientemente y un desenlace de las elecciones presidenciales que favorezca a los republicanos, pueden crear una situación muy difícil para los más de 12 millones de mexicanos que residen en aquel país, con la consecuente disminución de las remesas que envían a México y la siempre posible deportación masiva. Adicionalmente debe considerarse la posible declaratoria de que la delincuencia organizada equivale a terrorismo, lo que conjuntamente con el problema migratorio, provocaría una situación para la cual no estamos preparados y que sería seguramente motivo de una mayor complicación de nuestra relación con el país vecino del norte.

 

Frente a este panorama de lo que puede ser 2012, los mexicanos debemos alentar un cambio en la manera en que se abordan los problemas. El futuro del país y la compleja coyuntura que viviremos en este año demandan una visión estratégica de quienes son responsables de las decisiones clave, anteponer el interés de la nación a los propósitos de los particulares y de los partidos políticos y, sobre todo, un alto sentido de responsabilidad frente a la ya grave situación de México. Y, por supuesto, abrocharnos el cinturón de seguridad...

 

http://oscarpimentel.mx/

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