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18Noviembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Un filme dirigido por Oliver Hirschbiegel nos platica sobre  los últimos 12 días de la vida de Hitler, nos muestra un Führer fuera de la realidad, un imperio que sólo vivía en la cabeza de Adolfo.

A unos pocos cientos de metros de donde lo asediaba el ejército soviético, él seguía creyendo que mantenía la fuerza que años atrás tenía.

Se ve un comandante rodeado de generales aduladores, a sabiendas que estaba todo perdido nadie se atrevía a decirle que estaba equivocado, nadie, ni sus hombres de más confianza se atrevían a sugerirle lo más temido en una batalla, y más en una guerra: la rendición; es decir, la derrota.

Se libran luchas y caídas similares, líderes en las nubes, con una visión fuera de la realidad, ellos ven las cosas a través de un cristal muy empañado, sucio. A lo largo de la historia muchísimos líderes han cojeado de la misma pata.

Antíoco III “El Grande” pecó del mismo mal, cuando estaba a punto de derrotar a Roma su visión no llegó más allá de sus narices, no escuchó a Aníbal y sólo tenía oídos para quien lo adulaba, el desenlace fue su derrota y al tiempo su muerte por su mismo pueblo, esto por robar el oro de sus dioses.

La historia está llena de hechos similares, pocas son las personas que ostentan el poder que no son seducidos por la embriaguez de decidir sobre los demás, la embriaguez de creerse intocables,  semidioses, divinos, la adulación es bienvenida y la crítica despreciada.

Los grandes y pequeños hombres que han gobernado, la mayoría ha cometido el mismo error: creerse más de lo que son, hombres.

Y qué sucede cuando ese mal envuelve al ser humano, la historia nos ha enseñado que el final siempre es la derrota, y la derrota de un líder ya sea de una ciudad o nación, tiene consecuencias graves para los gobernados. Alemania sigue pagando los errores de Hitler; Antíoco III pagó caro su error, todo por estar cegados por uno de los peores males de la conducta humana: la soberbia.

“La soberbia es la mente embriagada de ficción, el absolutismo del instinto, la negación de la sensatez, el reverso de la compasión. Acusa falta de sentimientos humanitarios, por cuanto bajo su dominio las personas terminan por insensibilizarse.  No son pocos los casos en que esta deficiencia caracterológica se oculta tras la falsa humildad. Cuando ambas fallas se combinan producen seres astutos y arteros. El soberbio es violento, y su palabra lacerante. Le gusta humillar y despreciar. Es, asimismo, ambicioso; aspira al trono material y no vacila si, para ascender a él, debe valerse de medios poco dignos y en detrimento del prójimo.” G. Pecotche

 

Cuando uno es soberbio, se tiene oídos sólo a la adulación, lo que nos vuelve ciegos a la realidad que nos rodea.

 

Por cierto, ¿de qué sirve tener refrigerador si no se tiene con qué llenarlo?

 

Ya me voy, hasta la próxima.

 

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@AbrahamTobias

 



Abraham Tobias

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