Screen

Profile

Direction

Menu Style

Cpanel

21Enero2018

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

 Dogma de Fe


Dejé Monclova junto a mi familia en el verano de 1982. La ciudad era entonces escenario de una interminable convulsión económica y política. A quienes trabajaban en Altos Hornos, el más importante empleador, se les escuchaba decir: “Ya me voy a la planta, porque ando de tercera”. Era esa la terminología local con que se nombraba al turno de noche, hora en que un intenso humo color naranja emanado del horno “Guadalupe” iluminaba nuestro cielo. Para aumentar la productividad, en AHMSA se gestaban ya los primeros recortes de personal. Monclova fue el primer municipio de Coahuila gobernado por un Alcalde surgido de un partido distinto al PRI. Corría el año de 1979 y la reforma política impulsada por Jesús Reyes Heroles provocaba cambios profundos en las estructuras locales.

Pero la condición de dramatismo que los adultos daban a la vida diaria jamás causó que mi niñez perdiera su magia, ni su misterio. Recuerdo las excursiones que junto a mis tíos Carlos, Gerardo, Jaime, Rogelio y Manuel hicimos al “Conejo”, balneario ubicado a solo 2 kilómetros de mi casa, pero que me parecía estar en los confines del universo.

Mi abuela Fidela vivia en la calle Juárez y preocupada por las penurias económicas de la familia, utilizaba metodos ancestrales para salir adelante como el tener gallinas y otros animales que nos proveeían de huevo fresco y otros alimentos. Mi tio Manuel y yo saliamos a comprar maíz y comida para el incipiente zoologico de la abuela y lo haciamos en la tienda de Don Jacobo Garza o en el crucero cuatro caminos en la calle de Matamoros y el Bulevar Harold R. Pape.

Eran esos los tiempos en que la “lista” se hacía en Ofertas y Super Asís y donde comer en un restaurante era un lujo pero para eso estaban el Deyvy´s, el Chulavista, el Hipo´s, el Muchoburger o el Restaurante Jardín, negocio atendido por una pareja que padecia enanismo pero cuya dignidad los hacia ver como gigantes. En el cine Monclova hoy cerrado, se proyectaban películas chinas de Kung Fu, milenario arte marcial que era practicado de inmediato en el respectivo intermedio por todos los niños asistentes incluyendo a mi primo Juan José y a mi.

Mientras tanto en la radio, único medio electrónico local se escuchaban los noticieros del Profesor Daniel Rodríguez Villarreal y de Víctor Harb Karam. Se tocaban canciones de Vicente Fernández con el programa “Mexicano que no canta, en México no nació” y con Melchor Sánchez “Pocholo”, descubriamos la mejor colección de rock en la ciudad.

 

 

 

 

La libería Patria hacía honor a su nombre, y era junto al Museo Biblioteca Pape y el Polvorín uno de los pocos centros culturales de una población en donde parecia que la cultura se combatiá con ferocidad gracias a la industrialización que años atrás había modificado de una vez y para siempre su rostro, pero conservaba el orgullo de haber sido la capital del estado de Coahuila y Texas.

Hace unos días me reuní con amigos de Monclova para celebrar 30 años de habernos graduado de primaria. A muchos de ellos tenía esos mismos años sin verlos. Me dio un enorme gusto saludar y saber de compañeros como José Luis Dávila, Beto Villarreal, José Luis González Perches, Manolo Cendón, Favio Sánchez, Andrés García, Mario Iruegas, Gustavo Rodríguez, Andrés Osuna, Chema Siller, Beto Boardman, Toño Arizpe, Juaner Villarreal, Mario Garza, Carlos Silva, Horacio Bravo, Fernando Mortera, José Luis Chapa, Omar Heredia, Rodolfo Tinoco, Gabriel de la Fuente, Alfonso González, Arturo Mauro Villarreal, Jorge Gil, Alfonso Almanza, Jaime Zapata y tantos más.

Juntos estudiamos en el Colegio La Salle, institución que marcó mi vida y donde recuerdo con afecto al Hermano Felipe Pérez Gavilan, hoy rector de la ULSA en Saltillo, hombre que jamás ha fallado al ejemplo del Carpintero de Nazaret.

Yo agradezco a Monclova y mis amigos de La Salle, la oportunidad única de nacer y crecer en ellos y con ellos. Se dice que el creador nos dio los ojos al frente para no voltear la vista atrás. Pero con Monclova me sucede lo que afirmaba Jorge Luis Borges: “Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.”

 

 

 

 



DEJA TU COMENTARIO

Ingresa datos requeridos(*) Código Básico HTML Habilitado

¡Síguenos también en las Redes Sociales!

TwitterFacefooter

twitter Facebook