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21Enero2018

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

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La voz México/El triunfo de la culpa

Terminó la voz México, programa dominical con una fórmula comprobada de éxito, donde un grupo de ciudadanos desconocidos compiten entre sí para llevarse el premio al mejor cantante del concurso.

Operación triunfo, la academia, Cantando por un sueño, son ejemplos de proyectos parecidos, a excepción de algunas variantes, y una muestra de que un individuo común pueden incluso despertar el fanatismo de las masas, siempre y cuando se construya un entorno propicio para ello.

El punto de coincidencia de estos programas, es que no siempre (o casi nunca) gana el mejor cantante. Factores como el nivel socioeconómico, apariencia física, o detalles que denoten vulnerabilidad, son decisivos para el triunfo de un participante, al grado de llegar a influir más que el mismo talento.

Cuando vimos a Oscar Cruz ganar La voz México, el cuento de hadas pareció repetirse: un hombre sencillo, humilde, de un pueblo llamado Zacatlán de las Manzanas, llega con esfuerzo al casting de un programa donde queda seleccionado, y además gana. La idea de que cualquiera de nosotros puede ser famoso en poco tiempo, tener fans, tener dinero, y no importa de donde vengas porque en México no hay discriminación, se hizo presente.

Personajes como Erasmo Catarino, Toñita (en una revancha llamada “desafío de estrellas”) y Cipriano (cantando por un sueño) son ejemplos cuyas “desventajas” (exageradas o enaltecidas por el mismo programa de televisión) rebasaron el motivo de su estancia, que fue la calidad vocal. El triunfo, no les fue entregado por especialistas de la música, sino por el público que de forma insistente habló y votó por ellos.

El video llamado “viral discriminación en México” realizado por el CONAPRED, donde se muestra a un grupo de niños sentados frente a dos muñecos, uno blanco y otro moreno, y a la pregunta de: cuál es el malo, o cuál es el feo, todos señalaban al moreno, puede ser un punto de partida para descubrir porqué estos personajes generan tanta afinidad e incluso triunfan en éste tipo de concursos. Los niños del video actúan con sinceridad: dicen lo que piensan, no conocen de incorrección. Los adultos que ven este comportamiento, lo descalifican de inmediato, pero muchos de ellos saben que en la misma situación y quitándose tapujos, responderían de la misma forma (a final de cuentas, el actuar de los niños es reflejo de la sociedad en la que viven) Sin embrago la culpa, o la conciencia de saber que no es lo correcto, los orilla a tomar acciones para demostrarse a si mismos que son progresistas, que son tolerantes, y que no aceptan la discriminación.

No votar por personajes vulnerables, enmarcados en la pobreza, la desigualdad social, haría sentir a muchos mexicanos cómplices de dicha injusticia, y el hecho de votar por ellos sería (en su fuero interno) una manera de equilibrar y evitar la culpa.

No se niega el talento de Oscar Cruz, pero sin duda el factor “culpa-responsabilidad” jugó un papel importante. A final de cuentas, el público es quien manda.

 

 

 



Astor Ledezma

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