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21Enero2018

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

editorialjosevega45

José Antonio Marina es considerado uno de los pensadores absolutamente imprescindibles en su país.

Catedrático de filosofía en el instituto madrileño de La Cabrera, Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia, estudió filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, lector apasionado de Unamuno, ha fundado varias revistas y dirigido varios grupos teatrales, además de ser conferenciante y floricultor

Su labor investigadora se ha centrado en el estudio de la inteligencia y el pensamiento divergente, en especial de los mecanismos de la creatividad artística, científica, tecnológica y económica. Como discípulo de Husserl es considerado un exponente de la fenomenología española. Ha elaborado una teoría de la inteligencia que comienza en la neurología y concluye en la ética. Sus últimos libros tratan de la inteligencia de las organizaciones y de las estructuras políticas. Colabora en prensa (Suplemento cultural Crónica de El Mundo, El Semanal etc.), radio y televisión. En los últimos años ha participado en tertulias y debates en Radio Nacional de España. Ha escrito ensayos y artículos periodísticos y es autor del libro de texto de la asignatura "Educación para la Ciudadanía".

Realizó un trabajo como analista de la actualidad en su ensayo El misterio de la voluntad perdida, donde estudia la crisis de este valor en la sociedad y la educación contemporánea. En su Diccionario de los sentimientos, analiza la visión de éstos que se encuentra implícita en el lenguaje, descubre que los sentimientos negativos están más ampliamente representados en él que los positivos y plantea la necesidad de una educación temprana de las emociones. En Dictamen sobre Dios, ensayo de filosofía de la religión, investiga el menhir cultural que supone el concepto de divinidad, concluyendo en su conexión ontológica con la noción de Existencia que nos proporciona la fenomenología. Además, enuncia el Principio Ético de la Verdad que supone que cuando en el ámbito público las verdades privadas entran en colisión con las universales, deben primar las últimas a fin de posibilitar la convivencia.

En Por qué soy cristiano expone su visión personal acerca del cristianismo y de la enérgica figura de Jesús, y defiende la teoría anticipada por Averroes de la doble verdad, distinguiendo las basadas en evidencias intersubjetivas y las que provienen de evidencias privadas y manifiesta que: "Los integristas trasvasan sus verdades privadas al ámbito público. Es el problema al que nos enfrentamos".

Este invierno, José Antonio Marina, nos brinda una obra interesante, por demás actual: Pequeño tratado de los grandes vicios. A decir de su editor, es un particular tratado de psicología que versa sobre las fuentes del mal. Durante muchos siglos la conciencia moral ha trabajado sobre sí misma, perforando galerías en la roca amorfa de nuestra intimidad. Los héroes griegos de la Ilíada posiblemente carecieran de esa capacidad de reflexión. Nuestros sentidos, nuestros deseos, están vertidos al exterior. Son centrífugos. Volverse hacia uno mismo exigía una torsión muy complicada. Y solo la implacable exigencia moral tuvo potencia suficiente para impulsarla.

En su presentación, señala también que Sartre consideraba que los moralistas eran los maestros de la introspección, aunque para ser más precisos, fueron quienes la inventaron, en una búsqueda que partió al mundo en dos. Lo bueno era irreal, estaba fuera, en el reino de los fines. Lo malo, en cambio, está ya en nuestra naturaleza terrible e indecisa. La gran creación consiste en saltar de la realidad a la ficción. En inventar nuestra condición a partir de nuestras restricciones.

Marina investiga en este libro una enérgica y perdurable tradición de la cultura occidental: el canon de la perversidad. A lo largo de miles de años, se la ha encarnado con siete diferentes rostros: los siete vicios capitales. Esta figuración dio origen a una rica imaginería, a un mundo simbólico completo, que podría llenar museos enteros. Al acercarse a la formulación clásica de los pecados capitales, Marina revela un elaborado sistema de las pasiones humanas y de sus contradicciones.

José Antonio Marina, filósofo y escritor polifacético, señala: “Creo que estamos en un momento nuevo de la historia. Nunca hemos sabido más y nunca hemos recordado menos. La cultura siempre ha sido la herencia social, la consolidación de y transmisión de la memoria. Mis alumnos, muy modernos, piensan que no hay que aprender lo que se puede encontrar (en Google, fundamentalmente). Enorme ingenuidad. Sin reactivar desde uno mismo su genealogía, el presente se puede usar, pero no entender”. Por lo que se concluye que la inteligencia debe estar en el sujeto y no en el objeto.

 

 

José Vega Bautista

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Twitter @Pepevegasicilia



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