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21Octubre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

SOLILOQUIO

Adrián Garza Pérez

 

Un mundo pobre, pueblos empobrecidos, sociedades con valores diluidos por la información y las tentaciones, están urgidas de “renacer, cuando menos cada año”.

 

Navidad significa natividad, es el nacimiento de Jesús en nuestros corazones, así como nació en el mundo para hacerse hombre (como nosotros) y salvarnos, de nostros mismos.

 

El mundo está distraído: Ama el dinero, metaliza todas sus emociones; compra y gasta motivado por los anuncios y por las trampas de la propaganda publicitaria; discurre en actividades ilícitas diversas; el crimen, la delincuencia, el narcotráfico y el terrorismo, azotan la economía y el patrimonio individual, enfrentando a los hombres.

 

Enfermedades cual peste divina surgen por regiones, la vida cada día es menos valiosa para quien la posee y para quienes la compran o la arrebatan impunemente.

 

Las disputas entre naciones, entre pueblos y entre gobiernos son la tónica de las relaciones diplomáticas. La industria de la guerra es un fructífero y fatal negocio, al amparo de los poderosos.

 

La inconformidad de viejos y jóvenes, de mujeres y hombres, es cada día un coro más estridente. Surgen los indignados como una familia del mundo, emulada por grupos desconocidos entre sí, pero con una unión tan peligrosa como válida, que puede terminar mal (manipulada por intereses ajenos, perversos).

 

La competencia política se da en un rin disparejo y manoseado: Se golpea al que asciende, se desprestigia al opositor, se dificulta el camino al gobernante en turno para descalificar su gestión y derribarlo del poder.

 

El dinero del pueblo se cobra arbitrariamente vía impuestos, derechos y comisiones, sin ninguna compasión. La inflación creciente y la deflación de rebote, son signos económicos presentes en todas las economías del mundo. El dinero ajeno, el del pueblo, se gasta y se gasta mal.

 

El costo de la vida es caro, no se corresponde con los salarios y menos, mucho menos aun con el ingreso de la mayor parte de los ciudadanos, que sobreviven en la pobreza.

 

Las economías del mundo, del poderoso de antaño, incluso del poderío reciente, mudan su fortaleza que se les diluye en las manos por ineficiencias administrativas y afanes expansionistas y bélicos.

 

Las descripciones anteriores no han sido dirigidas a nadie: a ninguna nación y a ningún partido o dirigente, pero al repasarlas pareciera que retratamos a nuestro país…Pero no, México se retrata solo en el perfil.

 

Somos una sociedad que olvida su historia, somos un pueblo que abandona sus valores y sus conductas sociales de manera voluntaria. Decía un dicho viejo que “con hambre no entran las letras”, cierto es, pero solo las letras de los libros…

 

La religiosidad es una fuerza poderosa a la que podemos asirnos cuando los vientos de la tentación, del chantaje, de la perdición nos jalan, en contra del bien. Pero a paso acelerado dejamos la iglesia, la reflexión, el consejo, la confesión que renueva y la oración que serena.

 

Yo soy católico y creo en Dios, en uno solo (no soy buen católico pero lo soy). Creo que el Dios que siga cada quien es bueno si lo guía por una senda de paz, de honestidad y de esperanza en esta vida; pero en tránsito hacia una vida futura, en pos de un destino eterno.

 

Es tiempo de navidad, deseo para ustedes y para mí, deseo para sus familias y pueblos y para mi familia y mi gente: que renazcamos en nosotros mismos, que recobremos nuestra esencia, nuestros valores familiares y colectivos.

 

Deseo para ti y para mí: Que encontremos en el bien común un puente que nos haga trascender. Crezcamos en aprendizaje y dediquemos tiempo (voluntario y entregado) para ayudar a los demás.

 

Deseo que el hambre, la enfermedad, la desesperanza y la violencia no sean ya la cara de nuestro pueblo. Espero que nuestros gobiernos sean un vigía fraterno y fiel, que cuide a su pueblo y lo guie desinteresadamente por caminos de progreso, pero que lo haga con plena certidumbre de justicia, de respeto y de igualdad.

 

Deseo que las familias se unan, que seamos capaces de dejar los rencores que nos separan, los agravios que nos debilitan, los juicios que nos reducen. Deseo que las diferencias entre los amigos y las familias se olviden. Que todo sea posible al renacer este año que termina.

 

Deseo que renazcamos cada año, que veamos en la navidad la gran esencia de vida, que Jesús renazca en nuestros corazones y nos de la fuerza que venza nuestro orgullo y nuestra arrogancia…La mía que es mucha y la de todos.

 

“Renacer cada año, cuando menos”, es una práctica correcta. Es el camino hacia una paz que dure, hacia una concordia que cure heridas, hacia una vida con dificultades pero encaminada al bien común.

 

Renacer cada año, cuando menos…podrá hacernos MEJORES PERSONAS.

 

 

 

 



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