Screen

Profile

Direction

Menu Style

Cpanel

15Diciembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Una ampolleta de sangre, accesorios personales, forman parte de las reliquias de Juan Pablo II que están de gira por algunas ciudades del país.

Llama la atención la cantidad de fieles que reciben a la comitiva con banderas y gritos de alegría; hacen largas filas y en plena madrugada para estar unos segundos cerca del maniquí, poner su mano, incluso llorar y pedirle algún milagro.

Creyentes incondicionales, capaces de defender o justificar cualquier acto cometido  en vida por Karol Wojtyla.

Su beatificación Express, fue una burla para víctimas de violación por parte de miembros de la iglesia católica.

Miles de abusos documentados, miles de cartas enviadas al vaticano que no recibieron respuesta. Familias que viajaron a Roma para entrevistarse con el Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe (Benedicto XVI, actual papa de la iglesia católica y miembro de las juventudes Nazis, cabe mencionar) quien recibía las denuncias y sólo se limitaba a decir que no podía hacer nada, que Juan pablo II no quería un escándalo al interior de su iglesia.

Habrá quienes pregunten porqué se resaltan las cosas malas, en lugar de las cosas buenas. Me pregunto qué cosas buenas hizo Wojtyla para merecer tanta alabanza alrededor del mundo. Qué hizo para apoyar a las víctimas de violación, qué hizo por los pobres, que tanto defendía; qué hizo con los miles de millones de dólares que anualmente llegan a las arcas del vaticano.

Era un ser humano, y todos cometemos errores, dirán algunos. Tirar café sobre la mesa o marcar un número equivocado en el teléfono, es un error; pero solapar a curas pederastas y omitir las denuncias de las víctimas, va más allá de ser un simple error.

Me pregunto qué es más indignante para las víctimas, si la omisión de Juan Pablo II, que con sólo mover un dedo pudo hacer justicia y reparar los cimientos de una iglesia que se desmorona por los escándalos, o la postura de la gente que los critica, los condena, y que sigue adorando a aquellos que fueron sus victimarios.

No hay tema incuestionable. Se respeta la creencia de la gente pero no se pueden justificar los crímenes de lesa humanidad.

No se debe lucrar con la religión. No se debe utilizar una creencia colectiva para proteger criminales.

La fe de la gente, en todo caso, seguirá intacta, mientras los miles de afectados siguen padeciendo a una iglesia omnipotente que todo lo sabe, y todo lo puede.

 

 



Astor Ledezma

Social Profiles

DEJA TU COMENTARIO

Ingresa datos requeridos(*) Código Básico HTML Habilitado

¡Síguenos también en las Redes Sociales!

TwitterFacefooter

twitter Facebook