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24Julio2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

En el terreno de los negocios y las marcas se ha analizado el concepto de éxito en distintos lugares del mundo.

Las conclusiones en casi todas las dimensiones de estudio se encaminan a la particular manera que tiene cada sociedad para definir el término, pero sobre todo, al inseparable opuesto: el fracaso.

Hay sociedades que consideran el fracaso como el último clavo del ataúd en cualquier proyecto, carrera o meta. Si uno no es capaz de lograr lo que busca en el primer intento, entonces habrá fracasado eternamente.

En otras sociedades el fracaso es tomado como uno de entre muchos posibles resultados de la experimentación. Se trata de intentar, de buscar tantas veces como sea posible la manera de llegar a un objetivo. Bajo esta visión, el fracaso incluye algo más que el fatal desenlace pues contiene el aprendizaje necesario para delinear una nueva ruta de acción y la oportunidad de forjar el carácter y deshacerse de temores.

El momento del fracaso y la decepción es de donde surgen las nuevas ideas que entierran lo viejos errores, que ayudan a clasificar lo que no funciona. Se convierte en la etapa más valiosa del desarrollo pues fija las tareas inmediatas y las pautas a futuro.

Así lo entienden las sociedades más avanzadas y las naciones desarrolladas. Por eso dedican amplios presupuestos a la experimentación científica y tecnológica. Dedican los mejores recursos disponibles a analizar y estudiar detenidamente el fracaso, sólo para volver a intentarlo. Jugar con la probabilidad, experimentar, es justamente apostarle al fracaso.

La percepción de los analistas políticos en nuestro país mantiene la lógica del pasado, la que ocurría al interior de un régimen vertical, donde el error derivaba en el fracaso eterno. Hay que recordar que en democracia, más allá de la etapa de desarrollo que viva, las cosas no funcionan de la misma manera.

En la cultura democrática, el que pierde tiene oportunidad de aprender de sus errores y volverlo a intentar, así la izquierda nacional intentará de nueva cuenta con los mismos partidos y el mismo candidato, pero con una estrategia modificada.

En el PRI, la historia de experimentos y fracasos para incorporarse a la democracia no es corta. Desde mediados de la década de 1970 inició en el terreno ideológico, a finales de la década de los ochentas ocurrió la gran escisión, en 1997 el congreso se dividió y la capital prefirió a la izquierda, en 2000 la más dolorosa de las pérdidas, en 2006 la división y la soberbia.

El partido tuvo la oportunidad de fracasar, de revolcarse en su dolor y de intentar la reconstrucción. El análisis y los experimentos han tomado mucho tiempo, muchas décadas de fracasar, aun así hay quienes piensan que el PRI debería estar derrotado y sin posibilidades.

 

Quienes constantemente atacan y gastan sus recursos para hacer fracasar a otros, en realidad están regalándole al oponente la oportunidad de mejorar. Así ha ocurrido al PRI desde 2000 cuando fue declarado muerto. Se hablaba entonces del surgimiento de nuevos partidos derivados del viejo modelo, de personajes tomando los colores de otros partidos. La realidad ha sido otra.

A finales de este 2011, el PRI es el partido mejor posicionado en los estudios de intención de voto a nivel nacional. Ocupa ese lugar producto del aprendizaje y la reconformación y adaptación necesaria al nuevo entorno político. En 2012 el triunfo del PRI marcará la necesidad de cambiar el paradigma actual para explicar la escena política.

Debemos cambiar la manera en la que percibimos el fracaso, y dedicarnos a desmenuzarlo y apreciarlo, a poder hacer las derivaciones que nos permitan seguir experimentando y dejar de lado, de manera definitiva, las visiones pasivas.

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twitter: @delarosavictor



Victor De la Rosa

Licenciado en Economía de la Universidad Autónoma de Coahuila, se ha desempeñado dentro del servicio público desde 2003. Ha colaborado en temas financieros relacionados con recursos federales y pensiones. Es miembro del Colegio de Economistas de Coahuila A.C. y Asociado de la Fundación Colosio Filial Coahuila A.C.

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